sábado, 27 de febrero de 2016

Prodigio

Somos jóvenes para ver la muerte de nuestros padres
si ayer no éramos más que niñas
de instituto.

Demasiado, para perder el embrión
que cobijó la cereza temprana
y nos dio brazos y piernas
para arañar la inevitable
que siempre será "pronta" la excedencia
de observar al árbol
arrastrado por las maternas aguas.

Morir.
Aprender a vivir rápido.
Perdonar.
Abrazar.


He llamado madre,
para decir sólo
que la quiero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario