martes, 5 de enero de 2016

El que avisa no traiciona

Una buena conversación, o simplemente explorar el iris de la persona de enfrente en silencio que rellene las horas.

La mirada directa, punto sobre punto, como un eclipse.

Como explicarte que soy peligrosa
que sólo un titán reconocerá mi veneno,
que corrompo el pasto
de la oveja descarriada de la oración.

Montes verdes rasurados
y el agua,
sí,
el agua que cae sobre mi cuerpo sintiendo tu observación hedonista,
mujer teje arañas
dermatitis de besos aditivos
lengua endemoniada trascrita al poema
a la mazmorra
por ejercicio voluntario.

Por ese rayo doloroso
de luz de pasillos,
encimera en el número nueve,
cobijo de colcha entre sapo y cólera.

Quién caerá
sufrirá alucinaciones de seta,
se volverá adicto níquel
y acabará loco.

Por eso, si quieres jugar
sólo me gana el diablo,
y tienes el beneficio de huir despavorido
porque la locura ha sido la enfermedad de mis amantes,
de morir entre hilos de sed a -gua rosácea
como la más bella flor del infierno
verde por fuera
y carnívora por dentro.





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