sábado, 16 de enero de 2016

Der-hecho.

   I

La chica
lleva un lunar falso en la cara
y el rabillo de cereza.

Ella llora, desconsolada.

La pantalla del móvil
se ha partido.

Desconsolada, llora ella.

II

Nos llevaban hacinadas

como garbanzos.

Ya no recuerdo su sabor.

Tengo hambre.

III

Tenían 18.
Tenían 20.
Tenían 27.
Tenían 30.

Dónde están los cuerpos
de las de 40, 50, 60.
Dónde yacen los hijos
que concebirá la ira.

III

Nos ataban las muñecas,
y no era un juego,
los tobillos.

Nos colgaban
igual que a una pieza cárnica.

Éramos los animales del sacrificio.

IV

No fornicaban al órgano,
lo hacían a occidente,
al capitalismo,
a Europa.

V

Quizás sea un virus
de laboratorio letal.
Lo desconozco, sí.

Secuelas evidentes:
mirar el sol al amanecer.

Vi

Cuando granizaba sobre la piel
te transformaban
en una lancha hinchable
que iba amortiguando los golpes.

El ojo ya no era ojo
y en parálisis
las bolsas de plástico tenían más vida que nosotras.

Luego dejas de ser persona
eres el hueso henchido
y la mente alejándose en tráfico
de la hecatombe.

Llegas a un punto
en que el dolor es tan intenso
que igual que una quemadura
sobre las fibras vas cediendo.

Entonces deseas la muerte,
la reclamas por derecho propio
y se trasforma en la alegoría
de una cartera vestida de negro.

Ella tiende la mano.

Y esperas como una maleta maltrecha
el último escarnio
que te desnuque
mientras un chorro de vino
nace de la cepa-boca.

Se abre la regata
en la tierra
para aguardar la liberación
porque no hay otra salida.

Pero, hasta la parca
rechaza a las repudiadas.

No hay ni libertad
para morir.

La fortaleza
cuando no logra el buitre comerse todo tu hígado.

En colinas de deshechos
mientras en el meridiano norte
una chica llora
por una pantalla de móvil escanciada.

Y una espalda flagelación.
Y un niño
que lee
en la escuela
la esclavitud fue abolida.















2 comentarios:

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  2. Muy estremecedor. Tanta animalidad humana simplemente no la podemos asumir. No permite seguir viviendo con esa toma de conciencia.

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