martes, 12 de enero de 2016

Caracola de mar.

Me construyeron casa
con una puerta en el centro de mi barriga
donde salía gente.

Asustada, con el tejado sostenido en clave de sol
y los pies de lodo
esperando la gula de la lluvia.

¿Cómo podía evitar que volcase, por el huracán disfrazado de hombre?

Se anegaron las ventanas,
los gatos murieron, mi ojo era puño,
y todos las arandelas caían en ladrillos.

Era una casa
de grietas de arenisca
y la gente húmeda se marchaba.

Los niños dormían cuando cerré la verja.

Dormían, mi maldito sueño.



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