domingo, 24 de enero de 2016

Baratocol.

Cuando era niña
por mascotas tuve caracoles;
mi abuelo los mantenía
vivos en una caja que él había construido.

Los miraba a través de una rejilla
y con mis dedos gusanos
intentaba acariciarlos.

Los caracoles no tienen brazos
y su número áureo
les acompaña
en su propia escalera.

Ahora moro molusco, retuerzo
en su abismo
gelatinoso entre la colcha
y un canapé de segunda mano


Noto como intentan
acariciar desde mi cautiverio
las lenguas que buscan compañía,
pero, cierro mis tentáculos
y baño este pequeña hectárea de vida.
Me gusta el hinojo
y los días de viento la clausura
aún se hace más letal
en este aislamiento anacoreta
subiendo la colina otro exterminio,
fosfatos que buscan
las vocales dibujadas.

Este caracol hemafrodita
que corroe este verde.

El vídeo, la imagen,
la memoria, las sensaciones,
las esporas, el edén.

Futuros advientos.

Palabra de caracol.

Máquinas instauradas en el entrecejo.



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