jueves, 30 de julio de 2015

El arte de la numerología.

92.345.674 ácaros en suspense.
 5.003.811 cucarachas a punto de romper en flor.
    776.890 pasos para recorrer el planeta.
      67.122 aberturas
               3 gatos.
               y 1 persona 
                metidos en la bolsa laboral
                del cosmos.


Lección sin aula.



                     Cuenta los amigos con los dedos de una mano,
                     me dijo, aquel buen samaritano, cuando ya había perdido,
                     las falanges de un portazo.




Mi madre (Cuánta razón tienen las madres)
y aún así
              a
            t  g
          s     i
        e        r 
       u         a  
me c            r la funda nórdica
al lavarla, y nunca me repongo
de la sed per d  i    d   a.

Ella,
en su experiencia de Titán
hace de cayena
y la verdad, que una al escuchar
los consejos
abre
c
u
n
e
t
a
s de aguas  s
                    u
                    c
                     i
                    a
                    s.

Ay, me avisó y no le hice caso.
Ahora, en-tiendo la humedad
a experiencias del s i l e n c i o.

Volcánica injusticia.

                                                                          
                                                                                    No puedo escribir, lo que no siento.



No veo luz a este tunel,
porque hace meses en décadas
decidí transvestirme en trotamundos
de esquelas
y si veo   la espuma
cerca   de la boca.


Correeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Es la rabia.

ÑIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII.

                      Creer en la gente
                      no es lo mismo que la gente creada.



Podría hablar de la ira,
           contar las probabilidades en que la ampolla
           de mi pie ha supurado.
           De la ausencia de aviones.
           De las vacas sin leche.

Podrías Ira
               o buscar pulgas
               en esta tapicería de autocar.

La ira calla...,
es la desventaja
de la noria sin cubo.

Callo, mema, calla
y que cuchicheen
las chicharras.

Pelotas.

La inercia tiene su peligro,
te convierte en una pelota 
de color horca, que podrá hacer
de cometa,
de ojo,
del lunar del vestido de una sra. pulgar.

Y como eres un balón gástrico,
diminuta nuez de hormiga,
acabas dando la vuelta
al extrarradio.

De un lado a ooooooooooooooootro
oooooooooooooooooooooooooooo
oooooooooooooooooooooooooooo.


La pelota del corazón-globo.


La señora de las moscas y la abeja reina.

Acaso la lágrima tiene la opción
de mutar
a otra composición química.

La lágrima de miel,
edulcorada mancha,
que atrae a la mosca y al avispero.

Cuál de ellos, de su naturaleza
pringosa, sabe el enano circense
subir al palco de arriba;
en la negrez giratoria, su ala corta
en pichón disparado, 
o, la disparidad de las franjas.

Como señales de tráfico
que amarillas
juegan a domino en el asfalto.

¿Cuál de ellas?

Será nebulosa.
Tal vez prefiero, la oscuridad auténtica
del que se posa
en el excremento del colibrí,
que tanta almibarada abeja
con el aguijón escondido.

Entre todas las estrellas
me quedo con el cielo.

Habitante flor
de la maceta cuadrada.

La lágrima de miel
para hendir
el difícil olvido en su enjambre.

Pistas de patronaje.

...recuerdo cuando abrí la mochila Luisa
experimenté una enorme pena
y fui consciente de la maldad
con que te sujetaba...
...cuando llegaba
a casa después de enlazar
dos autobuses
desde la Plaza Santa Catalina
escondía la mochila...
...ocultaba que acudía a clase mientras él estaba
fuera trabajando...
...nuncá me fié de tu persona
cuando era el lobo de mi mismo
el que aullaba por dentro y te comía
al seguir cegado
los dos trasportes y ver como subías la escalinata
de un viejo centro cultural...
...al acabar le pedía a la profesora
que me guardara los bocetos, los patrones
un minuto antes de que el reloj pariera
corría feroz de vuelta al infierno...
...mis manos temblaban...
con las manos temblorosas
te preguntaba dónde habías ido
qué habías hecho
y tú respondías la nada...
...duró tan poco tiempo mi esperanza...
el día del examen
dijiste vas a venir conmigo...
...no me gusta que no hagas nada
y así me haces compañía...
...la dulce compañía al demonio...
tuve pena y así te hice daño...
supongo que en un cubo están mi trabajos...
me dijiste al cabo de mucho tiempo
que Otelo pensaste
que acudía a yacer  y sólo quería estudiar
...pena tras pena la lástima

Valores extr-años.

                                                                                  En ocasiones, sentir lo que debo
                                                                                   es huir el tú del mío.

Los paralelismos se hacen tan evidentes
que cavilo la premeditación en nuestro nexo.
Igual, que las bolladuras de los coches
en contra de los pilares.

Observé el tímido reloj de cadena.

Mi abuelo poseía uno semejante
y era de plata, aunque yo ya sé
que aquí nada está por casualidad colocado.

Y pensé...

¿Procederán de la misma mina?

Quizás la estadística disponga
estos relicarios entre las mermas de los nuestros.
Aún recuerdo mi mano niña
con el menaje de argento
y el regusto de metal dentro de la boca.

Era ayer, y hoy
encontrando las piezas del naufragio, me conecto a la tristeza
y maldigo mil veces 
que no quieras salir 
del océano.

El orégano del monte.

La bipolaridad consiste
en que a veces me excedo en cocer demasiados macarrones,
o los ahogo en un pozo de salsa de tomate.

Y mientras tanto con el cambio de estratosferas,
e isobaras, una irremediablente
le pega la cagalera, perdón, trastornos gástricos.

Eso, ocurre
cuando topas en tu cocina, entre fogones,
una persona indigesta.

Y aunque hagas esfuerzos
por pintarle dalias,
y poner un gorro de fieltro vital
no hay quien le quite la lágrima
al arlequín y a su estampa.


Así que Margarita me voy con mi asno 
a otro museo,
(las payasas tenemos una rosa encima de nuestra napia)
platicaré de los tiempos de cocción,
los nombres de las pastas
y añadiré dos pizcas de sal
con extra de yodo.

Y me moriré de la risa.

Que es la mejor manera de olvidar lo pésimo.
Lo tóxico,
y las malas medidas culinarias.

miércoles, 29 de julio de 2015

Los ojos del murciélago.

Le han nacido dos espuelas,
sí, yo las he divisado 
brillando dentro de su espesura.

Nunca, hasta ahora
avisé del centauro su copyright,
aunque pertinaz
y tirano lance bocanadas de fuego 
hacia la red.

Y por eso en esta ciudad,
todos sudamos 
la gota gorda del loctite.

He visto la luz de una bombilla de bici de niño
en cada franco de su mirada.

Por eso ya no quiere, usted,
más
verme.

Porque estoy abriendo 
a su pared
regata.

Soy mar de escuela, quebrantahuesos, ya lo conoce...

Y me lanzaré a las piedras
hasta el último aliento,
hasta que le nazcan ojos a Neptuno.

Para que llueva, llueva
y la ciudad aliviada
respire de su pequeña gran llama dormida sin cristal.


martes, 28 de julio de 2015

Bom Bom Bom

Se puede o no, morir de amor, tal vez un poco 
dobladillo,
colgante de un vestido
al engancharse con un clavo.

Se puede, aunque no lo creas,
te consumes como papel de mariposa
esnifando la memoria.

Retozada sobre las baldosas
entre tres gatos y un ufo
que no sé ni cómo llegó rotando a casa.

Retuerzo el trapo,
sumerjo la tiña en un vaso con hielo
mientras el ventilador
da viento a la humareda que sale de mi pecho.

Quisiera morir, pero eso es gesta asegurada
que nadie eterno en este parque temático
de alimañas permanece,
tal vez me haré un tatuaje con una calavera
y me teñiré el vello púbico de azul funesto.

¡Eso, se merece una fiesta!

Y la recóndita pregunta, que pez navega,
entre mis ojos:

¿Qué quiere el depredador de la gacela?
¿Qué sangre se define ante el escualo?
¿Que filo guarda el hacha en el verdugo?

En sus palabras,
en sus gesticulaciones esperpentos.

La próxima toma un bazoka
y directamente me dinamitas.

No amortajéis
haciendo amar
a quién no ama 
más que al camaleón de su estigma.

Boom, boom, boom.

Poco a poco, como el peor veneno
la eyaculada
antorcha
quema y mata.



lunes, 27 de julio de 2015

Cobarde.

Nací un lunes, uno de febrero,
con los cristales fríos del hospital
y con mi madre dormida por la anestesia
que jamás dejó de administrarse...

El meconio
fue el primer charco
donde jugaron mis manos
y si tengo que recordar

que la obscuridad me daba miedo.

La comadrona
cobijó entre sus pilares mi forma
después de que el dragón-fórceps
me hubiese extraído de la ciénaga, de la cuna materna, del tronco-nido 
que escuchó los gritos de mi padre
antes que la lluvia.

La doula tomó el suero fisiológico
y sanó mis ojos,
y me abrió las fauces felinas,
y me ungió el ombligo
y bendiciendo mi coronilla morada
como las lilas del campo
de los golpes futuros.

Predijo:

-Amarás la poesía
sobre todas las cosas.

La amarás.

Y así son las cosas.

Por eso, las noches heladas en que tú me abandonas,
me acurruco en la posición fetal
y cerrando los párpados
pienso que estoy en el pantano,
y ya no tengo miedo de la obscuridad.

La amo.

sábado, 25 de julio de 2015

Black Panther

Al bajar del tren, 
tengo la extraña costumbre de izar la vista.

En busca de unos brazos-ramas 
que aguarden el retorno; 
veo niños acelerados
en tropel agitando sus siluetas, 
escucho el sonido de los besos 
que cómo balas rozan la piel herida.

Y tras las gafas de sol, 
las pupilas se ocultan de la soledad, de nuevo, 
confirmando
que la escalera mecánica engulle 
la luz hacia la vuelta a casa. 

Soy una testaruda, la esperanza nunca viene a recibirme, 
es una Shiva de élite, 
que supongo invierte su tiempo en cosas mejores.

Y regresa el colibrí amarillo, 
de esa niña que en la puerta del colegio
se asomaba aguardando las manos abiertas
y sólo disponía del apoyo en un riñón que ya estaba muerto.

El colibrí amarillo, 
que prisionero yace en mi páncreas
y que ante un evento mira el móvil 
esperando que florezca y nunca dice nada. 

Por eso, cuando edificaron el muro,
alicatado entre mi corazón y tu cerebro.

¿Conoce el significado de la lapidación virtual?
Suele acontecer de un alma emparedada previamente.

Me derrumbé en miles de hojas secas de otoño, 
a pesar, de una ampolla de belleza
y de los tacones, salvadores del cielo. 

Me derrumbé,
cómo jamás lo había hecho, a una hora del recital 
y con todas las hormigas devorando mis palabras.

Y bajó un cuerpo que no era yo, 
y los codos se apoyaron sobre la losa marmórea de un bar
pidiendo un Martini doble, 
rodeada de turistas nacionales, bañadores 
y las huellas de sus pisadas de agua de piscina.

Y removiendo con mi índice el cóctel, 
bebí perdiendo el cetro de mi reinado
sabiendo que eso era una respuesta, 
un paso callicida hacia el desdén 
y el peor de los pecados.

Hay tantas formas de matarse lentamente, a base de poema, 
con el licor haciendo estanque 
para ser vomitado en un retrete con un jarrón.

Y los transeúntes del hotel
esquivando el pedazo negro de un vestido
abrieron las compuertas de las panteras.

Y tuneé la sonrisa 
pegando dos estrellas 
en mis marinas.

El colibrí amarillo
y yo.









jueves, 23 de julio de 2015

Poema a dos tiempos.

No voy a pedir, nada que conceder sea imposible,
cambiar el curso del torrente
o que las brújulas señalen 
lo indeseable.

Pasa una niña con un vestido de flores
y una bici del mismo tamaño.

Ni pedirte que me ames
si tú no lo haces;
los roperos pudieron haber sido olmos
hace tiempo, y los lóbulos
desprovistos de pendiente
escuchar la más joya del viento.

Bajan cargados con los restos del supermercado,
variopintas personas con carritos de bebé y una caja
que apenas sostienen seis brazos y un diente.

Me conformo con el minuto,
la secuela del arroz con tiempo;
sentir la catástrofe natural
de vencer lo inconquistable.

Ahora un policía habla con un borracho
y dos adolescentes miran los móviles
entre risas y vaqueros rotos.

Nunca abandones el rumbo del más recóndito
ni  te dejes rasurar por esta Dalia tu barba cervantina.

No voy a pedir que te quedes.
Tus pies poseen más soberanía
que tu cabeza.

Un semáforo pita rojo, separando una calle de moscas
y la Avenida mengua a mi caminata
de ala-deltoides.

Ser salamandra para adquirir el tono volumen de la noche.
Ser el astro que alumbra tu pecho,
los cien colores de cada una de tus historias
que son tuyas y de ningún otro, aunque no lo creas.

Girar la cerradura, virar la llave
y regresar donde duermen mis vestidos, hace calor,
y me gustaría al abrir la ventana
que volase tu presencia, pero, sigue aquí clavada
como un puñal que atraviesa la avenida de gente que come
de las sobras, de niños que juegan solos en artilugios sin campo,
de mobiliario de ciudad, pintado y luminoso con telefonía y cartones de vino.

Borrar este amor que me consume,
pero no puedo, pero no puedo, 
mientras los restos de tus cabellos navegan dentro mi vientre.




miércoles, 22 de julio de 2015

El afluente que quiso ser río.

Esta noche, ésta u otra.
Qué más da...
La luna resplandece 
con forma semicerrada de ojo felino.

Bajo de nuevo, por esta calle o la otra, 
o por la acera que tiene la panadería;
porque la pendiente, siempre, es perpendicular
a una línea de desobediencia.
Y noto que las huellas
que proceden de tu casa a mi casa,
de la casa de las cucarachas dormidas,
de los estómagos llenos de huerta asemillada
hacia la que un sofá rojo pernocta.

De un portal a una entrada,
de un pie acompañando a la hermosura del zapato,
de un tobillo marcando ritmo al empeine.

Con el mismo billar que contempla la aceleración 
del palpito marcado en sigilo, al paso cofrade
que ha arado un surco, un canal, un hueco, un brazo,
para cuando agua llueva desde tu ventana
sea riachuelo de caudal sin juncos
y la colina abajo, del puente sin arco,
regrese húmeda como una mujer sin marido
con aún el perfume del amante
que la convierte en trasparencia urbana.

En una calle descendente
por caminos asfaltados,
de corazón a corazón.

Un tercer verano. Como el de ayer o mañana.

lunes, 20 de julio de 2015

Fotosíntesis.

En que lugar, destino o breva
puedo estar colocada.

¿Sumiso tapete debajo del jarrón?
¿Paraguas monarca que protege tu coronilla gris?

O soy etérea como un secreto en forma de piedra.

¿Dónde tiene silla o moldura?

Mi amor por tú y el yo del amor más intenso.

¿Está guarecido en una mina,
en las profundidades moradoras
del potón caníbal?

O es un lirio, seco entre las obras de Wislawa.

Sé muy bien donde te trasporto,
en cambio, desconozco la postura transgresión de mi en tu escala.

Estás aquí latiendo
sin la necesidad de hacerte corpóreo,
cerca de la cerca,
lejos de la sarna.

A dos milímetros de mi comisura,
gruta espeleóloga,
y en todas las arrugas de la cama.

Ventisca.

Los flamencos en los estanques,
por favor, que no luzcan disecados;
ni unidos sus flexos 
en una peculiar cabeza sin bombilla.

Tejida maraña
en salmón corriente 
y eléctrica.

El ave zancuda
tiene aire, porque son aire
en circunvalación 
las cosas raquíticas de los mondadientes.

Por eso viento tu penacho cera,
manoseo sin pudor las hojas
de tu poblado gladiador,
de la mirada al árbol de la mora.
atravesando tu figura,
peino el arco de tu ceja,
y ya no esquivo el recambio de pluma
que perfora gusano,
mi  corazón de madeja
con las botellas sin rosca
expulsando el secreto gaseoso.

Aire, vente 
que los flamencos son ramas
que nacen de dentro de la tierra, aire, desaire y pugna.

Me gusta verte sobre nube 
y acariciar, sin tocar, tu voz.

Qué bonitas son las fotos,
de tu cuerpo desnudo,
con el pico cuervo de tu sexo
en el momento que cierro los ojos
y pienso que soy agua.

Ahora ellos tranquilos duermen, 
y mañana ya será 
otro vuelo.





jueves, 16 de julio de 2015

Morir, un ratito más.

Me hizo sentir flor,
polinización consagrada
con su flujo seminal,
mis puños estambres
mirando hacia el muro
con el pistilo fecundado de él, de él.

Me hizo, sentir.

Una flor.

de las que adornan las tumbas.

Código Civil-acción.

He considerado siempre
que los pisos con vistas
a los hospitales, donde muere gente,
son tristes.

Que un local
con la pancarta de traspaso
es como una mujer mal follada.

La jurisprudencia cotidiana
del latente veneno
de lo que respiramos,
de lo que comemos,
de lo que amamos,
de lo que fallecen entre nuestras transpiraciones:
día a gota, noche a lluvia
de loquería de lo que lo quería.

Coches en paralelo como un escuadrón en fila
y la vida que escurre tras los cortinajes
las historias urbanas de insomnio.

Una cree, que puede haber desnudeces,
de una mujer que calla el poema de amor y
de un hombre que no sé muy bien de lo que habla,
y todo revuelto, junto y desperfecto
loquería de lo que lo quería
de lo que somos
de lo que intentamos
de lo que fingimos.

Uvas por heces.
Y las ciruelas, apretados senos
entre sus manos.

De lo que callo
y ya no puede más con el germen
que enredadera crece,
en un  pasillo de hospital,
con vistas al edifico entre coches aparcados correctamente
y dos trigos que besan sus sexos.





martes, 14 de julio de 2015

Ayer no es hoy.

En mis humildes bodegones
la fruta jamás fue fresca;
trasnochaba demasiado
y el tiempo en ella pasaba factura.

La manzana en el cuadro 
se consumía ensimismada.
Y el moho, dando luz verde a los limones,
procedía del buche-corazón-putrefacto
con las bocanadas del vodka.

Ahora, en penumbra,
vestida o desnuda, según maja goyesca,
observo al óleo 
y recuerdo la mano que lo creaba,
pero, en una mujer desconocida.

Tal vez, tal vez, vez tal,
hubieses tenido que ser azucarada
o en macedonia para la niñez tardía.

Me resultaba otoño
en todos los lienzos.

Era la resaca 
y la falta de sueños



lunes, 13 de julio de 2015

Me-meces de juliana.

La pregunta del por qué,
la causa inimaginable
de que este amor tenga una descompensada
tan prolongación.

La respuesta de ésta
y otras cualidades inoportunas al desconcierto
de borrachos violines.

De tenerte entre mis manos con diferente entrega,
donde las ropas se vuelve elefantes en huida,
y luciérnaga, soy del siniestro tórax
contra tu muro.

Te amo cada vez que me abro brecha.
Te amo en la bajada de escaleras.
Te amo cuando abro el portal y tú nunca estás presente.
Te amo en cada ojal de llave
cuando des-bordado
me atrapas con todas tus élites
y me rindes en trinchera
con todos los órganos expuestos a tu fusil de asalto, mecenas y mercenaria,
o, vino mezclado con gas-e-osa,
te amo, y me regalo
como una oferta de sábana
de agua con rodaja del limo
y tus besos saben lejos agrios.

Te amo en mis tres cuevas,
en la ternura que peino a tus hijos,
temo que te amo
de tenerte dentro y perderme en la ágora proscrita
de tu idiosincrasia, satélite bengala,
manos y corrección.

Encendedor fuego y moja la inflexión constante
que este electrocardiograma
da suministro,
de sutura y yo muelo la coz
en mosca-da fruta.

Que morir puedo mañana
que ya de la vida
sé 
lo que es el amado.




sábado, 11 de julio de 2015

Las tres estrellas.

El verano tiene sus ventajas,
una de ellas, es dormir en el suelo sobre un viejo boutí.

Tumbada  busco el ángulo
que traiga la posibilidad 
de cazar alguna estrella.

Ayer con el vaho típico de julio;
que sólo a las cuatro de la mañana se siente gélido,
descubrí las tres estrellas de la Osa Mayor
que saludaban coleando
en un improvisado planetario.

Mira que me gusta la dureza del suelo.
Enredada con mis piernas
pensé por un momento que vivía en el campo,
un campo lleno de girasoles en plena noche,
y con mi índice las apagué, de un soplo,
para dormirme con el seseo del motor
de una nevera
de las fábricas de aire frío
de tu tos dentro de mis pulmones
que enfisema no se extingue en nube.


viernes, 10 de julio de 2015

La desgrecia hispana.

I

Te han creado con pinzas
y la necesidad imperiosa y arcada
de hacer ruido y ruina
en la ecología cacique.

II

Cuantas manadas de obreros,
con ojos legañosos recogiendo
el esqueje a deshora.

Y luego vino la crisis del año 1919,
disfrazada de oportunidades inmobiliarias.

La casa del caracol fue arrancada
con el euribor, y empezó la clase media
a metamorfosear en babosa
frente a la sanguijuela.

El abuelo es visitado
por cinco galletas y un quesito.

Hoy  le han dicho que los siete y Negranieves
irán a convivir en su segundo
vistas al melocotonero;
y dormirán como puedan
sin sueños.

La pensión, animal en autovías del exterminio,
chaleco salvado de este Titanic de ración prepotente.

Jardín.
Fosa aséptica.
Parvulario.
Hospital-escuela.
La gallinita griega y su caldo.

Los marcos, moneda y listón (La hermandad desde Alemania)

Donde el pino crece tuerto, el abeto lo hace flauta;
habrá sótanos de tres plantas para la alegría.
No esta necesidad de limpieza de pecado,
de desinfectar la piel de las fresas,
de limar la muesca como un transmisor en Yugoslavia.

El pesticida que mata a los pulgones
de los geranios inmaculados en decorada religiosidad,
con algún extraviado ojo por ojo
y las balas de heno plastificadas.

Los hilos no cuelgan de las ventanas,
del león con narcóticos en cada taburete
como un ballet que sincronizado dibuja burbujas
en la piscina.

Y me acuerdo del pez, del pez que no recuerda al anzuelo,
lo cíclico del virar de la bicicleta histórica.

Del hombre poeta de zapatillas rojas
que alimenta a los gatos 
que curiosos alternan
en una terraza de copeo y tachuela.

Hace calor.... la bastante
para que ellos acudan felinos
cuando tú escapes a través de las cañerías
con la pulcritud en botellas vacías a 0.20 céntimos la unidad, 
cacharros colmados
de comida de cenas en Sevilla.

De líquido efervescente.

Aquí hay envases embalses.
Hay agua en forma fluvial;
pero, no hay lenguas sedientas.

El fumigador de las ánimas
y éstas que mudas la orinan en las playas hispanas
de la basura telefónica.

Se oyen campanadas, va a empezar la misa.




El cuervo que amanece conmigo. (Sensación desde Alemania)

Los cisnes blancos en el horizonte
de pétalos sin mancha,
fruta niquelada por las ratas químicas
y el cuervo con ojos
de cuentas de pulsera de Stradivarius,
plumaje azulina, inmensa cresta de mujer a heraldo.

¿Que miras amacelestilínea?

Una noche sin dormir desde Hann (Carta).

Los unicornios viajan en muros de contención,
vi su cuerno mástil sin estandarte
y la falta de su entero 
cristalizó el lunar, la grieta del perder astrolabio.

Así sufre el corazón atravesado
por junco, la inutilidad de tender el alma
sin rueda de respuesta, y que
cada ordenador, calienta voces,
archivando demasiadas fotos en el recuerdo.

No cesa el galápago.
No interviene el corte al suministro
eléctrico coche de tu hermosura macha
devorando las mazmorras
hacia gallos que señalan el norte.

Aquí, rodeada de la belleza pila del río Rhin,
una aprecia la insectología freudiana
y nada campo a toda imaginación concentrada.

¿Qué sientes?
Ahora, que lejana
la armadura late hueca.

Qué sientes, de la palidez de la tarde
encostrada en mis rodilla de comba.

Decir que mi pijama decora el domicilio de mis vanidades,
pero..., materia-deshecho-reciclado
hasta los empeines de mi cauce-herida.

Pensar en nuestra sintonía de hombre bergante
y la pequeña barca chocando, chocando,
chocando que de la calcárea afrenta a la eslora
se encienden todos los pilotos de los interruptores
de la central de Urano
de las estancias sin espíritu.

¿Cuándo expirará este amor?

Te sigo amando eléctrica Electro,
punto de luz y fuga, mientras haya vida.







La manzana sin gusano. (Impresión desde Alemania)

I

Los cantos no cesan
en las alcayatas de la arboleda.
El café no preparado por mi madre
sabe a leche,
y en cada villa tropezada
por instintos; levito en la ortodoxa atmósfera
de una genética
que ignora chillar.

II

Los papeles en el suelo
no cuentan historias
y las personas de sombreros metálicos
sonríen
cuando saludo en castellano por los abrevaderos
en que quisiera estar piedra bajo el arrojo que fluye.

¿Dónde están las bolsas de plástico?

Sí, en carencia dinástica
no hay en los supermercados
ni un frasco torcido,
ni el cabello sin peine,
ni del tallo la flor
y de tanta perfección 
hasta la temeridad se ha fugado del penal
de turístico devaneo.