lunes, 7 de diciembre de 2015

Esponjas marinas.

Pernoctar en el epicentro de un terremoto,
contemplando los huesos arquitectónicos
de las casas, de los templos, del árbol
esquelético en su ciempiés, vertical perenne.

En comercios hechos a medida
con el sastre de maderas
prefabricadas.

En un lugar sin viento.

De pueblo con agradecimiento perpetuo.
Antes de la sacudida abrupta
sale el amor líquido
y un día cambia por medio


Extraña circunstancia
de derribo de edificicaciones.
Subiendo la cuesta
para emular al druida
bajo los escombros
de la escala
y sus artefactos de natura
demoledora.


Bruja que utiliza de conejo de indias
su propio corazón
y pierde, en sísmico
repliegue de vocales
fornicadoras.
El sueño donde existe
el número seis modular
y trazo de ola.

Vivir en un pueblo
Pescar mariposas.
Miga de pan y fanfarria.

Un prisma visto
para sentencia
con paredes de cartón,
como caracoles con la pena
por sombrero.

Vivir antes del eco.
Para sentir que esta historia
viaja réplica tras nuestros móviles

Y por qué no.


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