martes, 1 de diciembre de 2015

Me duele, tu dolor.

Cuando las mujeres 
con brazos y tobillos de cuchilla
vienen a desvelarme,
la respiración ,después del mal despertar
yace bajo los escombros.

Y tu afable, remueves el aire
de sol del arenal
en una tregua de los niños-soldados
que crecimos con ropas de viejas
para sacar mi cráneo de entre los muertos.

Respirar.

Por eso, saber, amigo, que han matado a tu perra-alma
los descendientes de la amanita
criada en estómagos malignos.

Me duele...

Respirar.

Tú que me salvas del infierno.
Con una balsa hecha
de huesos del pasado.

Me duele. 

Respirar.

La maldad del color inexistente.

Que mata,

por odio
a nuestros hijos.

Apreciado Noé.

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