miércoles, 16 de diciembre de 2015

Asma.

La tos venceja
no cede en su empeño de desvelar toda
mi corriente.
Y empuja este ahogo
dentro de sus versos
que tentáculos aprisionan
el linaje.

No cede el tambor
y la fatiga cree que abriendo la ventana
al helor, calme el desierto atroz convulso
el espasmo de la enferma huérfana
de caricias.


Le amo y me devora
en esta habitación demasiado grande
para un corazón solo.


Busco artefacto,
la citrina última
que sede
ronca el aire contagioso
y apacigüe el beso
de su locura para dejar
libre de la sarna.

Yo quisiera, con el ego anteponiendo la oración
que este rezo de paludismo
muera antes, que la válvula lata
respirada bajo el inhalador corticoide que deja
enamorado su recuerdo.

Ya empieza la sangre a notar la iguana,
a ser la moqueta de una química
que a la calma seduce.

Tos, tos, tos, igual que una gaviota
que busca tierra a estas altura
donde él liquida por dentro y por fuera
ahora con el narcotráfico
que bombea la presión costillar fuera de contornos.

Esta tos que cambiaría por un impotente chico Martini.
Pero, que prefiere el estancamiento
y vivir esa verdad
que me da a su antojo.

Y asfixia.
Tos. Tos. Más tos
A manera de puñalada.



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