martes, 17 de noviembre de 2015

Relativista maternal.

I

La madre se atora
en su discursiva de fogueo,
la presiento feliz.
La gente no comprende
que entre nosotras
no existan abrazos
ni mimos parlantes
y aprovechando
su emblema de serenidad
le comenté
que vivía con tres felinos.

II


Muecas de perplejidad
aliñadas con hastío.
Silencios impares
y un carraspeo
mientras aguardo la bronca
de turno por mi excentricidad.
Ella me soltó como una carrera
en una media de mercado:

-Prefiero que vivas con animales
que te cases en secreto
y vuelvas preñada.

La verdad, que vista así la cosa
con su relatividad celestina
el pacto con el diablo
no ha sido del todo insatisfactorio
para el beneplácito del coliseo.

Fue un aviso.


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