viernes, 20 de noviembre de 2015

Ojo de pavo.

Dónde está el valor de escribir
una letra y una foto,
una letra y dos fotos,
una letra y tres fotos.

No fabrico muebles a medida
de la periferia del desnudo,
así que, en el letargo después del océano
el consejo de apostillar
(que no me pega)
en un atisbo 
menos social.
Que me hizo sentir velcro, cuño, cola o un cuerpo
artimaña
textil a la exposición mediática
de la estría o la cicatriz sonriente de mi cintura.

Cómo hacer del ritmo el poema:
una letra y una foto,
una letra y dos fotos,
una letra y tres fotos.

Luego en la avenida
comenta uno que le han,
aquel que le dijo,
lo del bicho entredicho y el escarnio.

Ella es poeta de copa y puro.

Bueno, espeso y con la textura del vómito
lanzo una letra y mil fotos.

Ignoro si será la de la Uefa y el puro
si es por la sustancia 
que transporta la vista sin windons
porque lo que se dice fumar, no smoking,
yo, yo, yo prefiero hacer fotos 
y grabar letra de estado.

Mareada de tantos entendidos
lambreados en la sección de percadería del Mercadona,
decido retroceder en el casillero.

Y si en vez de poeta, me hago una, dos, tres fotos.

Cuestión medieval
con escuadra de flota
y carta-habón
por tocamientos a la vagina versicular
del poema
dentro de la imaginación febril
del bastardo.

Voy a mudarme a otro piso,
iré a la métrica
del soneto,

contando con esmero
la sílaba
de una foto y una letra
de dos fotos y una letra
de tres fotos y una letra
en membrana viril.

Y seré escultora de peces.
Performace saca-tetas
en pasillos de ambulatorios
de pacientes con el dolor de la tristeza.

O mejor, callo,
como un ancla de portaviones;
callo,
como las rozaduras anómalas
de dedo en el pié.

Lanzándome al soporte
no me encontraréis nunca,
fabuladores
de las muescas de mi cama
más primogénitas que otra cosa.

Una letra y una foto.
Dos letras y una foto.
Tres letras y una foto.

Fin.









No hay comentarios:

Publicar un comentario