viernes, 23 de octubre de 2015

La palabra de dos sílabas.

Manceba la nomenclatura 
de las papeletas insulsas de cuerpo pegado con otro,
llamado también fornicar,
atesorar placer libidinoso
en el infinito tío vivo de morir, morir, rememorar
y absurda de nuevo caer al cadalso,
para comenzar el deleite yconvertir el lirio en una tuerca de taller mecánico
y en providencia atornillándolo a tus quehaceres,
se podría el hecho definir que en la fusión fortuita que un hombre
de plenas facultades letradas
y una mujer con los vacíos cóncavos
empiecen a escribir el poema
de ritmo veloz, con el traqueteo del mueble en el terremoto,
dando brío a la arcilla que se moldea en arco de pérdida
y en sinalefa fogosa apresurada presa 
como el cebo en la punta del lenguado;
medio desnudos, húmedos de calima y savia,
acaramelados como las patas de los insectos
libando el germen de la adherencia,
descubriendo en una enciclopedia
esta adicción "ginefálica" de tu trece de copas,
en mi trasformación de herradura, la diéresis que falta a tu linaje,
y tú, a cambio, das el arbusto, acercas a mis granados 
el hambre de miembro del que admira y calla traidor
sobre esperma llovido.

Cómo explicar, los entresijos del karma,
la razón de qué un poema sea macho o hembra,
las ganas lectoras de ti
subiendo en escalera.

El que una vez muerta, morir, morir, rememorar.

Y esa forma extraña
con que intentas, sin lograr,
volverme rima de aguada,
si desde siglos hace
que vivimos en estuario.
Vestidos ignorantes somos dos desconocidos
y sin ropa, nuestros apellidos se enlazan 
en una palabra,
en malabares de aforismo, palíndromo, tanka
y otras 
posturas 
sexuales
de dos sílabas 
que se besan.

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