martes, 1 de septiembre de 2015

Once de septiembre.

I

Caer como una libélula.

C
a
e

 como una libélula.

II

La liberación inmediata
del rehén 
con la cortada gallinácea
con mi piel sumergida  en leche de almendras
para que las moscas
acudan a mi encuentro.

Lucero, incrustado en la roca
como lapa que finge ser mariposa
sin poder volar.

III

Me ataron al mástil
Soy fuerte
con cuerdas anacondas
Soy guerrera
y cegaron mis ojos con salitres del Mar Rojo
Soy niña
rojo de la sangre de los partos
Soy comanche
que sacaban mis tripas
Soy soldado
para liar redes, pescadoras volátiles
Soy  diosa
de las olas que habitaban dentro de los linchamientos
Soy dueña 
viveros, piscifactorías, bidones de anguilas 
Soy hechicera
en los acuarios de los vientres bajo los dictadores
Soy mujer
que metieron páginas dentro de mis boca
Soy madre
para que me ahogara de la madera laminada
Soy hija
y así purgar mi ansia de erudita
Soy libre
y ofrecer en la piedra como un sacrificio de Penélope
Soy titanio chileno
un boceto castrado en cubierta carcelaria porque
Soy poeta
el pan duro para los peces del escarnio.



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