lunes, 7 de septiembre de 2015

El antídoto.

De cada pieza recolectada
que hemos construido un dinosaurio en un museo.

De cada forma egipcia
que hemos moldeado augurio de presagios
en un álbum de foto-locuras.

De cada taza que regresó conmigo
del viaje con la arqueología expoliada de un país.

Una llega a la década oclusiva
que una se deja vencer por el oleaje
improperio de un recuerdo que no se marcha,
para qué regalar más pucheros
si siempre bebe con la misma loza 
el alimento sagrado que entra en su virginal ayuno.

De qué sirve si Plutón
y Mercurio no constelan.

De cada gata polar que sigue coronando el monte de carbón.
De cada vez que entro en el infierno para saciar la ninfómana  ilustrada.
Decano de administraciones de tela de araño.
De qué perder más relojes en la arena.

Si tu amor en una bocanada 
me arrincona roedora de papeles.

Hoy, compraré una hermosa calabaza,
buscaré la receta en un libro de abuelas
y beberé de su veneno para olvidarte de una vez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario