domingo, 6 de septiembre de 2015

Bitácora de Londres. Mi gente, nuestra gente.

En Londres, la amabilidad
es un hecho meritorio
y me agrada esa granizada japonesa
que se adhiere a mi paso fílmico.

En Londres, habitan tantos compatriotas...

Ellos son felices, por lo menos,
lo aparentan.
Traen el sol, la vitamina D,
que hacen falta en este condado insular.

Con el pelo de Zara
beben alegres sosteniendo al país, 
la copa
como un gran trofeo de fútbol.

Nadie es valiente
para admitir
en lo que nos han convertido:
en mano de obra barata.

Nuestro Iberia está en decadencia
y a falta de gas y de petróleo
han puesto en venta la alegría,
sin derecho de devolución.

El desarraigo.
El exilio económico.

A las personas.

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