lunes, 17 de agosto de 2015

Volver a nacer.

Ha sucedido el tiempo suficiente
para expresar que empiezo a experimentar la libertad de la cloaca.


Una década casi fue
los años enquistada en un sótano 
que me hicieron sentir una rata.

Una rata, que aún añora la jaula,
la cáscara de la pipa,
la rueda de Sísifo,
que esconde la fotofobia 
tras unos cristales polarizados;
que todavía en su coro interno escucha 
el martillo de la dignidad y del trabajo;
pero en ese redil ,más que eso,
moría la retina.

Volver a sentir los sábados, el cielo ya no es
una lámina de fiesta
ni el rebaño amplificado movido por las onomásticas 
de los féretros en patrones de ancla.

Empiezo a parir la anarquía de la huida de la fábrica,
de la respiración fuera del aire acondicionado,
con esta rata gestada que aumenta de tamaño,
que crece desde la complaciente de tacón y mechas,
hasta la autónoma de pagos trimestrales;
crece, crece, rata salvaje,
desbocada por la calles, detrás de los contenedores
perdida de tantos caminos 
te sientes artista, joder, 
ya notas la lluvia,
el tufo de la tierra, el tatuaje de la página escrita,
la liberación de la cadena presupuestaria,
la maleza nace entre tus axilas, mujer,
y tu sexo madura las garras que se afilan 
en la rata con la sombra de un elefante,
marca rata, mamífera del combate de la sociedad en desuso.

Rata hembra,
Rata artista,

ya es la hora del club de los poetas muertos.



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