sábado, 8 de agosto de 2015

Nostalgia de Abuelas.

Esta mañana
ambas compartimos café,
y le dije:

-Chica, malas noticias.

Sentada frente a un ventilador paralítico
que pretendió ser hélice de hidroavión.

Esa mujer anciana, ramificada esencia
humeaba del libro de los trastos y de los recuerdos
y acarició el flequillo-alboroto, el remolino de las letras.

Eres mi abuela materno-literaria, lo sabes...

!Malas noticias¡

En el formulario,
en la receta médica,
en los banderines de los festejos taurinos
que a ambas nos horrorizan.

Si quieres repongo a Chopin, un rato.

Y salgo a la calle
fluvial de grano torrefacto,
sonriente de Llebeig, Wislawa.

Vamos a reír
a la farola seca sin flores,
porque a mí tampoco me gusta Dostoyevski.

Una mala noticia,
puede ser un gran paralelo hacia la posterioridad
de un coche que no nos lleva a ninguna playa.

Y volviste a la lampara que hospitan
mis protuberancias.

Y reí por ti,
sin saber a ciencia cierta si escribir lleva carcajada.


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