martes, 18 de agosto de 2015

La oda de las malvas dormidas o el juramento de Iseo.

I

Podré arder
reencarnada en una astilla 
y que el fuego plagie al incendio
de esta llama
que al cerebro llega
para quemar
la fotografía,
la película de tu cuerpo
enzarzado
con el mío.

Antes veneno.

Que volver a volar sobre tu tumba
del hombre comedido.

II

Antes azufre,
que volver a explorar
las tundras,
beber de las marismas encostradas
de recuerdos
por la sequía de la piedad.

Qué bien se le da, administrar con un cuentagotas
la sal-vía-crucial.
que bien dosificada
mata con la mandrágora.


III

Antes gasolina,
polonio, 
mercurio fragmentado que escupe su boca.

Se marchan
los soldados sin armas a la guerra,
tenemos agua y no hay vaso,
para beber como un animal
de la charca.

Veneno.

IV

Porque es gentilicio de un pueblo inexistente,
la falsilla de los reglones torcidos,
las líneas eléctricas que amputan
a los pájaros.

Plomo.
En cada zapato
y nadar.

Para morir lúdico
en este barco de vapor
por el río Mississipi de pociones,
canto negro bajo sus aguas.

Deja libre a la sumisión.
Deja morir la esperanza
de tu semen cicuta.

V

Y volví a creer en el atuendo
del nómada mal adherido
prendiendo con una mecha
todo el maletero
de una mujer auto: Sirva usted mismo.

Veneno, le diré: NO.

Y catará su conjunción propia.

VI

Pruebe su mordedura,
sorba la sangre de la pústula
y notará
como se diluye la tinta
por los pasadizos del corazón.

Atmósfera de planeta sin vida.

El karma 
llegará con las g o l o n d r i n a s.



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