jueves, 30 de julio de 2015

El orégano del monte.

La bipolaridad consiste
en que a veces me excedo en cocer demasiados macarrones,
o los ahogo en un pozo de salsa de tomate.

Y mientras tanto con el cambio de estratosferas,
e isobaras, una irremediablente
le pega la cagalera, perdón, trastornos gástricos.

Eso, ocurre
cuando topas en tu cocina, entre fogones,
una persona indigesta.

Y aunque hagas esfuerzos
por pintarle dalias,
y poner un gorro de fieltro vital
no hay quien le quite la lágrima
al arlequín y a su estampa.


Así que Margarita me voy con mi asno 
a otro museo,
(las payasas tenemos una rosa encima de nuestra napia)
platicaré de los tiempos de cocción,
los nombres de las pastas
y añadiré dos pizcas de sal
con extra de yodo.

Y me moriré de la risa.

Que es la mejor manera de olvidar lo pésimo.
Lo tóxico,
y las malas medidas culinarias.

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