lunes, 15 de junio de 2015

21 de junio.

Queridas hijas, María y Luisa Ana:

He de confesaros que sois portadoras
del gen de la locura,
pero, no la del desequilibrio,
ni siquiera la de la camisa de fuerza.

Es peor aún, lleváis el estigma de la poesía,
que como una culebra se adhiere en los ovarios.
Renegaréis de ella, pero cuando al cielo
las tardes de viento contempléis,
veréis manadas de elefantes
en busca de vuestro tesoro celta con forma lunar.

Tenéis en vuestra ralea
esta mancha druida de nacimiento
que bordará páginas,
que hará que leáis libros a escondidas
de vuestras parejas, y padre.

No os gustará ser esclavas.
Escribiréis de madrugada y se apoderará de vosotras
el duende Lorquiano.
E igual que la alfabeta hemofilia
pasará de generación verbal a vista,
a vosotras que ya podéis ser madres,
atentas la fuente será mar,
y el mar será continente.

Lo siento mucho hijas mías,
os he maldecido con la ausencia,
pero libertarias de mi néctar,
mamada de pecho,
sigo latiendo umbilical
parida de vientres,

no tengáis temor
a sentir la furia descabellada del poema,
sin vergüenza,
sed lluvia, campo y noche,
sed amor, olvido y sueño.

Os amo.



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