jueves, 7 de mayo de 2015

Mama´s

I

Mi madre, gran dama, amasadora de fortunas
que nunca se ensució las manos
con el pan.

Me dice, todas las veces, cuando hablamos
por mediación de aparatos
con fuentes de voz.

Hija, deja el amor, a tu edad no existe.

II

En esta cadera apoyada
en torre pisada-divosa
me devoran las piezas sanitarias
de un baño.

III

Voy a retomar cada botella de limpiaparabrisas
y haré cielos
donde solamente hay un espejo;
me gusta la vida
y siento que he hallado
el camino,
la sencillez lustrosa
del remiendo de los agujeros de la colcha de sus garras;
visito tiendas de segunda mano
y amo comer bocatas recién hechos
de mortadela y olivas
sentada en una parada de autobuses
usando el ticket
como servilleta, sello de mi destino sin franqueo.

IV

Mi madre, me implora,
el amor no existe,
es la supervivencia,
no lo tomes como algo personal.

Yo sé que prefieres tener las manos gastadas
y que nadie entiende
que trocaras una fortuna
por ser un vaso sencillo de flor.

Nos reímos de tu espiritualidad,
y que ya no lleves vestidos bonitos de marca.

Y cuando exclamamos tu nombre.

Toda la familia tiembla
en un terremoto
que abre brechas
y salen todos los ogros del ayer.

VI

Yo sé que me amas, aún.

Yo nunca lo hice.

Sólo me casé contigo para escapar de casa.


VII

Yo, me culpo
de usar palillos para pulir las sobras de mi desdicha.

Yo, me acuso de creer en la magia del karma,
de poner tapas a las botas gastadas,
de ahorrar en secreto por si cambio de país.

No llevo diamantes en mis nudillos,
los vendí para comer.

Llevo la letra escarlata:
soy una poetómana,
me pincho poesía
dentro de aseos lúgubres.

La quemo dentro de una cuchara
robada del rastro enciclopédico,
mientras anudo con fuerza una cuerda en mi brazo
para sacar el alma de la vena;
quemo la sustancia de cada verbo
y siento el éxtasis.

El éxtasis.

(Siendo la monja del claustro de un centro comercial)

La poesía veloz en torrente sanguíneo,
dilata mis pupilas,
el corazón late rápido
y mi mente viaja a Irlanda veloz sin equipaje,
entro en una vigilia de colmados,
y narcotizada, borracha de poetas suicidas
me duermo
con un libro entre las manos.

Empieza el fin del viaje.



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