viernes, 8 de mayo de 2015

Cambio de bujías.

I

La chica del kiosco
baja la barrera y cruza la terraza
entre mesas y sillas
timbradas con la marca de una cerveza.

Llega su novio con una moto pintada de lunares 
y la acoge con la ternura
del que regresa al cariño.

Se escucha el zumbido a casa.

II



Envidio a la chica del kiosco,
quisiera cruzar entre su mobiliario de cafetería
y sentir el abrazo querido.

Pero, las mesas parecen cebras en medio de un safari
entre los asientos de autocares finlandeses
en busca de una bonita foto de verano.

Salgo después del rojo al verde de un hombre-semáforo
y ni las mariquitas de mayo
vienen al estambre de mis pechos.

Vuelvo sola a casa.

III


Cuando cierro el kiosco
una chica me mira desde lejos, envidio su capacidad poética,
su rostro refleja el cansancio y lleva un par de libros entre sus piernas,
ella se queda ensimismada
y acaricia las mesas al paso del cisne negro.

Mañana le diré
que voy a dejar a mi novio y a su moto
y si quiere podemos ir juntas hasta la avenida,

por si los insectos nos atacan.




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