domingo, 12 de abril de 2015

Voleibol existencial, pasa la pelota.

I

El descarrilar de la era,
el saber batracio de cada uno de los elementos,
grifos abiertos sobre la vajilla,
altura de cada peldaño fregado con esencia de lima
y no hallar respuestas en el cubo.

Una anda, con la elasticidad a tientas,
tomar la "i" del idiota
y la curva, 
lo suficiente para que sea de "c" de cascada.

Ir en una medianía de árboles de morera
cuando ya no queda gusano shine estancado.

Ayer, que tenía todas las hebras
y nunca hallaba hojas
para su sustento.

II

Amamos la hipocresía del cisne de la porcelana,
edulcorada muerte en baúl de roble
y acribillamos las letrinas de información multimedia.

Nosotros que respondemos sin efecto.

Si hay ternura, tedio o volumen;
porque el músculo tiene memoria
y nuestro cerebro responde a la estética 
de formas pegadas al suministro eléctrico.

Amamos lo inexistente...

Prosigo sobre la acera,
grifo cerrado,
escalera seca.

El olor del fruto incipiente de la mora
me sufraga en revolución mecánica.

Cisne, fibra, Internet, masas
encefálicas,
fálicas y cejas deformes.

Hoy, he visto la luz.
La puta realidad.

Andaba, y un hombre cordel de ropas holgadas
y la carne de saciedad de noches sobre cartones.

El brillo, un nácar, el protón en sus ojos
cuando encontró un cigarro
en una papelera sin un puta enchufe.

¿Y tú te atreves
a vender la felinecedad?



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