sábado, 11 de abril de 2015

Orion y Andrómeda.

I
Entiendo la multitud de su lengua
cuando rogaba mi perdón
de un modo reiterativo.

Él, sabía, que era un plato de loza
colgado de un gancho plomo.

Y que a la mínima embestida,
caería a la tierra trasformada en conchas.

II

Habito anacoreta, anillada 
asemejando caracolas diminutas
en hortalizas de mercados de carretera.

III

Le amo, y no puedo quitar estas vías
que venas recorren mi mundo interno.
Topa con ciudad Hígado,
pueblo de Bronquios,
aparato genital en desuso
y toda la aurora vertical
de calles que dibujan  la constelación escapular.

Tenemos un problema.
Y no hay modo de recuperar el terrazo después de que el salfumán lo haya bendecido.

Una señal identificativa, y el temblor,
y estar próximos,
a pesar, de los miles de kilómetros que separan
tu cabeza de mis manos.

Me siento tan libre cuando no estoy contigo;
que ni las maceraciones
de todos mis órganos
pueden vetar este sentir de urracas.

Brilla, sí, mil veces brilla,
esta carga.

Y una metida en un saco de dormir
esperando una palabra
es la ninfa que desea ser martillo.

Sabes ...este amor pesa demasiado,
y vivir con la arena del gladiador
quita mar y existencia;
y padecer la aorta con sus subterráneos
dando cobijo a un nido de huesos.

Pero, en qué teorema
hay la solución a esta endometriosis.

Que ha enraizado dentro de mi médula.

Hazme un favor.
No volvamos a vernos.




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