domingo, 26 de abril de 2015

Emily

Sabes lo qué significa ser poeta,
que te despedacen a trozos
y ser devorado por el sistema.

Tal vez, algo parecido a los radiadores 
dentro de naves industriales
con vestidos enfundados
y un botón amarillo
que gira oeste.

He de admitir que en este encierro voluntario,
mi humilde Tibet:
Clarice Lispector,
Sylvia Plath
y la poderosa Emily Dickinson,
mora en una cocina de árboles
que cuelgan de hierros obscenos.

Celibato por elección y una muda de pliegues
que empujan al canal del parto
del culo de una mariposa.

Tal vez, algo similar
a las caras del público en los estadios,
y a las aguas rosáceas de una mujer ovulada.

La poesía es tosca, engreída nuez de galápago.
Yo sé que tú 
la notas como te penetra y te posee,
también, he tenido días de humo galleta
donde la desesperación era un piano sin dientes.

Yo soy presa de su letra consigna,
no me importa que cada parte de mi cuerpo sea
para el hambre,
la pobreza,
los mares con ojos negros
y las razas perseguidas.

La tala indiscriminada
de mentes que podrían salvar
todo el vecindario
de la ronda.

Tienen miedo de las palabras,
de la voz del proscrito,
del ciego con lengua,
del poeta hembra.


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