martes, 28 de abril de 2015

El viaje.

Cómo expresar lo que siento
respirando bajo la ciénaga,
con los dedos marchitos
y leyendo cada uno de tus poemas
como el que está en el alambique
y busca la ballena de Job, para evitar dentro.

Puedo trenzar la respiración
y meterla en una botella de limonada
para que navegue del vertedero
a la montaña de escombros.

Allí, estarían
encorsetados en su propio oxígeno
cada uno de los besos
que no son míos, guareciendo bajo el toldo
por si alguna vez las focas marinas
volvieran al Mediterráneo.

Igual que una gata en un equipaje
que no sabe su destino, una gata vieja
y el peso de ser arrastrada al antojo del nómada.

Te pinto, sentado, delante de una ventana
tomando la decisión siempre ecuación del que acierta
con delicadeza.



Podría grapar la boca para no clamar tu nombre,
pero, las manos enamoradas son dos seres independientes,
dos islas feroces, y justo a la milésima
aparece tu cuerpo en forma de rima,
y acabo de rabo a cabo,
erosionada a tu desparpajo hiriente
como un corcho con la luz de las chinchetas.


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