martes, 10 de marzo de 2015

El membrillo más salado

De las manos espigas,
del trigo de tu simiente
nace la caricia cerrada,
como una ola huérfana
que se acerca a la frontera
mas, quién se resiste
si el músculo
ha sido prensado por la maza,
y que tu piel se desvanece harina
para conformar el pan de la boca,
me adiestro
en postura,
para lamer con las yemas,
las esporas invisibles.

Que tiene cegado en horno,
y yo que todo lo sé,
callo águila, muero noche,
para ver bajar por la escalera
con el olor de la corteza
sintiendo la mantequilla lacerada,
levadura incierta
para sentirte mío;
vestidos ambos mirando al desnudo.

Amasar el alimento,
que tú entregas,
acurrucando cada hilo
descubro la vianda.

Aquí, con tres ovillos
que abrazos reposan sobrecamas
de distintos lados.

Estrellas de la constelación ferroviaria.


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