jueves, 19 de febrero de 2015

Tintorería de lunes a viernes.

La quemadura de un cigarro
en la blusa 
fue la marca que usó Cupido
para agregarla a su Club Alabama Monroe.

Corre hacia el tranvía
exhausta,
pero, celoso, un tacón
se rompe en el bache de la fogosidad nocturna,
entonces, ella, se siente un pan quemado
ennegrecido por el candor
de una adversidad de constelaciones.

Su corazón,
late mariquita,
con los puntos negros
de todas las ausencias,
los abrazos perdidos
de las telas que pierden el tono
y la fragancia en tantos lavados
de estómago.

Ha extraviado el billete,
no fue consciente, de ello,
del abedul que la saludaba
en el jardín vecino,
de las manchas al salpicar
los charcos que vuelven a llover.

Perdió la oportunidad,
y se trasformó en tiempo.

El tatuaje, negro ojo entre el aire
y un cuerpo desnudo;
de qué sirve lamentarse:
el buque, el tranvía, la ola,
dónde quedó atorado
su amor.

Una mariquita que late
sobre la flor de un hombre,
y ese lunar eclipsado
con las ventanas
que dan la espalda.

Ella le ama,
cada vez que habla de amistad.

Con la marca de un cigarro,
neumático del mundo,
se deshincha como una colchoneta
en una playa
sin turistas y un perro con su amo.

Ladrando.
Ladrando.
Ladrando.

Sin tacón.








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