jueves, 26 de febrero de 2015

Sin fecha de caducidad.

I

No se trata de capacidad;
el amor eterno estructura la inmensidad astral
donde cada uno pone los principios
y se transforma en ecuación.

Una sonrisa genera 
un catón de láseres
hacia la corteza
terrestre
del corazón.

Amar, así, de un modo cercano,
cerca,
cerco,
carcoma,
buceando en la pecera de tus ojos,
amar, sin la lengua
de los zapatos de este ropero;
que han conocido
el pilar de besos furtivos
en paredes de descarga,
en la puerta de un bazar de ortopedia;
el kiosko que habita
una plaza de coche.

En el empeño ha ganado,
el hombre res
que ha expoliado los yacimientos
comiendo fagor
al mar tanta ola. Tanto hola. 

Ha lapidado playa
sobre los vientres arrecifes,
para verificar que el amor
no es breve gota de pegamento
ni perenne.

II

Somos árboles,
granado para tu guinda
que verde arpa
ni fruto 
sólo florecerá para ti,
deidad terrícola
de la imagen que no sucede.

Para ti,
caduco
con cada septiembre
de mi rocío de sangre.

En envases expuestos
en batería junto al coco y la papaya.

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