sábado, 21 de febrero de 2015

Reencarnación.

I

Tan fácil
como dejarse querer.

II


Entre la escollera de su hombro y brazo
vara la pira envuelta en seda roja
por una muerte.

III

En la noche
dos espiraciones cosían
las cortinas, la colcha, la funda de la almohada,
no había hilo de sutura
que no remendara
el tiempo acaecido.

Y aunque, tú, callas
y sabes que mi alma tiene forma de isla pirata,
por primera vez, he dejado los puñales en el bolso
y fue
tan fácil
como dejarse querer.


IV


Siempre te he visto con pinta de ruso,
y eso me divierte sobremanera,
hoy,
te prometo lealtad
y cuando cierre los ojos
y me bañes espuma
con la marea de las sábanas
sólo daré cobijo
a las fragatas de tu musculatura
céltica.

Te prometo,
que hoy nos amamos
sin intermediarios.


V

Nuestros cuerpos
parecen el dulce de un obrador
atado con un lazo púrpura,
estoy empaquetada a cada uno de tus poros
y de esta masa
sólo pueden nacer cosas ricas.

VI

Anudada a ti.

Y un grillo digital 
me despertó en la noche.

Tú, especialista en fingir
que duermes,
cuando ola me alejo,
me viré viento
a la pantalla de un móvil.

Sonreí.

Y agarrada armadillo
fui la piel
que le faltaba a tu espalda,
alba como todos los amaneceres
en blanco y negro.

Sonreí, y con mis besos
llené de pecas
esa tez con olor a almizcle,
y que bergamota
pare flores con mis jadeos.

VII

Amarrada a tu puerto,
que difícil
la cadena para un barco desbocado.

VIII

Mis dedos que te retenían
fueron indigentes pupilas
que tiritaban de frío,
volvíamos a ser tres,
unicornio,
pegaso,
folletos de clínicas
e implantes capilares.

Escribí un par de notas musicales,
y antes de que me condenara
a ser de nuevo
un lunes
que empieza de pié
y que decapitada
en los fines de semana
no tiene cabeza.

Qué bonito el amor.

¿Verdad?

Tú me lo enseñaste.

Y le susurré al oído.

Námaste.

Y el guerrero me volvió amar
como lo hacen las rosas sin pétalos.

Y sonreímos, 
todos.










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