jueves, 22 de enero de 2015

Vecchio


El río, sí, este cordel
de río, de río, va abriendo
en cobalto bosque
una profundidad que no logro avisar;
trenza en trenza,
afluyen en malla sus raíces líquidas
con bordes encerados
por el combustible.

Las piraguas creadoras de rutas.
Los patos salvajes haciendo la corte a la incisa naturaleza;
trenza a trenza,
que teje, en este recogido renacentista,
un camino.

¿Cuál será su final?
Lo desconozco...,
el río, sobre río,
hebra de lana que sostiene el puente.

II

Morir, aquí es tan fácil (Byron),
tan sugerente,
caer hacia sus aguas,
sin árbol donde poder colgarse;
otra piragua, y un puente
que brilla engarzado aro
de pequeños comercios
de petición y sueños en piedra.

Ser una suicida. Apenas hace nueve días
en el canal de Venecia,
un cuerpo flotando, boya insípida,
dio liquen al arrecife.

No, no, no, este río, no es mortaja,
es para lavarse las manos,
la cara, mojarse los pies con la lluvia florentina;
trenzado en mapa, un camino.

¿Dónde desemboca?
¿En qué mar?

Lo desconozco...

Sólo sé de pájaros

y dos piraguas
que me dicen adiós

con sus remos.





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