martes, 6 de enero de 2015

Ocas y ánades.

Una mujer con cuchillo romo
corta un panecillo, deshilacha el embutido,
mientras una mariposa en un triciclo
voltea por su falda decapada.

De lejos unas niñas cantan.
Un niño voltea
por el delantal de una mujer que prepara la merienda.

Voltea.
Círculo,
aro,
plaza,
abrazo.

Dos niñas de ojo caramelo
bailan en una cocina.

La mujer se coloca el flequillo,
se peina la frente,
sigue cortando rebanadas
y con una mano ortopédica recoge las migas
que luego comerán las palomas del aseo.

Una mujer y tres niños;
el niño voltea
subido a un juego con ruedas.

Los veo desde mi ventana.
Esa, es la mujer que debería haber sido.
pero, caí de una cama de matrimonio,
fuga de gas
en un taxi dirección a la tundra.

Me creció un hígado
que cada noche alimenta 
a la rapaz que vive en camiones cisternas.

Camiones con brújulas de agua
que nunca limpian suficiente
el olor de pescado.

Tres niños, magos,
a mordiscos a la hora
de taponar el hambre.

Han pintado una madre en la pared.
Estrella de Oriente.

El águila
cuando duerma
volverá saciar la pena
con mi hepatitis 
de placenta sin niños.
de casa sin niños.
de hígado, ala de rapiña.

Os echo de menos hijos míos.






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