martes, 27 de enero de 2015

Europa

Amar un continente
implica peligro,
supone que caben más de una persona
y te sometes a la incredulidad
que montañas, lagos y ciudades saturadas de CO2,
hagan sentir, que vives sobre una balsa.

Un continente
con su sísmico
con los pozos de agua negra
con la casa mirando hacia el sol.

Mejor no amar a un continente.
Si no quieres ser otro número
de la estadística de sus meses.

Me quedo, con isla,
esta galleta de tierra
que ve venir
el mar por todos los lados
y su viento.

Deseo una isla
como yo.

Sencilla con su palmera.


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