domingo, 18 de enero de 2015

El anular.

A medida del paso del tiempo
vendrá el tomate sin pepita,
la maceración,
el membrillo,
las confituras de ciruela,
la almendra tostada en sartén vieja,
me llaman...
escucho las voces que vienen del campo
no quiero laurel por tejado; 
quiero que cada lunar de mi cuerpo 
sea un pequeña alubia
que engendre en cada grieta,
la superficie no en el mar de la fertilidad
que muere de nada a las afueras,
quiero la botánica
de convertir en dulce lo salado.

II

La viscosidad en el paladar
la ternura fundida en el hijo del trigo
en asamblea de aceite o vinagre.

La fruta en transparencias,
la demolición de las cáscaras
y las ganas de una vida casera
hecha a recuadros de manteles
que saborearán el candor sobre mis senos
y la comisura de unos labios.

Quién pruebe mi boca
estará perdido
en un bosque sin puerta.

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