domingo, 4 de enero de 2015

Cohete voladormido.

Mi madre contaba que con un hilo
transcurrían las horas
jugando muda.

Bueno, aunque con lo deteriorada
que está de su salud mental, dudo, que lo recuerde ahora.

II

De pequeña Alicia escuchaba  de los gigantes sus atisbos,
ellos no entendían,
que a pesar de ser un renacuajo
poseía una percepción aguda
de las acentuaciones.

Me apasionaba el Cohete Apolo 12, siempre, su fotografía
me rescataba magnetizada 
a misiones de paz. 

Cuando el temblor de la casa terráquea.
Cuando los colmillos mordían palabras,
brazos en alto
y el afilador viraba por el comedor
con su chiflo
y  la piedra de agua.

III

Cuando sea mayor, seré astronauta,
y huiré de este planeta,
buscaré una diapositiva
donde lo único que esté afilado
sea la arista de las estrellas.

Y si tuviera que elegir
llena de heridas,
sería la galaxia 
formada por las páginas
de las encuader-naciones.

IV

Mallorca, está nevada.
tiene su caspa hidrógena
a punto de fenecer en eyaculación hacia torrentes,
Fonts Ufanes,
y el mar apocalíptico.

V

Los almendros a punto de nieve,

hacen que se produzca la segunda borrasca blanca.

Se llenan los campos de recuerdos.

Sólo el violáceo en su trompa de falopio
y la sonata de los pájaros
vestidos de Armami

Corren entre la hierba color Audi berenjena,
con aroma de romero,
corren,
entre troncos de carnes suspensas 
las personas fallecidas
entre la hierba
color cuerpo de gladíolo,
que van de la mano
en busca de otra coordenada,
mientras me desangro
y de cada gota
nace una almendra.

Mallorca de lomo de armiño.

Duerme en una cama deshecha
y respira.

Detrás de cada hoja,
nace la cabeza grün
de un niño.

Corre Luisa,
no podrá contigo.

Salir de la atmósfera
será lo prescrito.

Apolo 12
ha aparcado en doble fila,
y tienes diez dedos
para diez anillos de boda.

La rendición de Saturno.











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