lunes, 5 de enero de 2015

Cabreo viene de Cabrera

Desvelada hago inventario lúcido
para medios de transporte
y alimento de la jauría,
lo mejor es en la casa propia
plantar un bosque,
no vaya ser, que a la primera tormenta
el Atlántico te ponga
las patas mirando a los patos.

Roto, descosido, también estuve yo,
apática, durante diez años,
no sentía nada, pensaba necia,
que representaba a un héroe,
y era una colilla que pendía de un bicho
con dientes cariados.

Un tronco o varios,
de este circo que aguanten la carpa,
en el estanque
que peces de caladeros
que por una miga de poema
se bajen las bragas.


Me niego, en rotundo, a este mierda de hechizo,
alineación mental, pepino metido en el cerebro,
a formar parte de una perrera,
aguardando al amo,
el señor de la cadena y el ceporro,
a que tire un hueso de aceituna
y todas las gatas
muevan su rabo.

Estúpida de mí.
Con la sombra alargada de una guadaña.

Recuerda lo que dice tu madre,
enamorada deforme,
memas cortadas por la misma tijera,
inducidas hormonales,
china dollws,
qué quién quiera pescado
que se moje el glúteo.



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