domingo, 30 de noviembre de 2014

Insectología Freudiana.

Amanezco lisiada
y enfrentándome al espejo
veo un insecto musgo que intriga.

No quiero ser mantis agnóstica,
nunca más,
escribí con rotulador en mis muñecas.
Y con la bici llegando hasta el Grau,
recogí las cañas hojas
que se rinden con el viento.

Compré papel de seda
e iniciando mi metamorfosis,

quise ser mariposa.

Después, de duras negociaciones
con el cordel y el celo,
exhausta, lo único que encontré
fue la posibilidad de construir cometas
que se rinden con el viento.

Con la resignación tumbada en el sofá, decidí...

Y si me transformo en una mariquita,
de esas chicas sobre tréboles,
pero,  el ocho billar de la araña me perseguía por los pasillos,
y de mis dedos enganchados hilos quedaban,
con la mota de las circunstancias.

Los labios bien rojos, los ojos bien negros,
me pongo un sombrero, y...

Eh voilà!

No, no cuela, soy depredadora
y ni la metalurgia, ni las combinaciones con cercanías,
pueden ocultar ese green.
Insistente con la enciclopedia,
abierta entre mis piernas,
busqué que insecto pudo ser mi karma.

Me gustan
los caracoles,
los saltamontes,
las hormigas,
los escarabajos
y... ¿los escorpiones?

Mal vamos por el camino de la conversión,
y enmarañada en mi propio ovillo de vida;
abrí todos los botes de pintura acrílica
y pinté del mismo del color del árbol,
del monte en la lejanía,
de unos ojos mentirosos como dice la copla,
en picado en sus paradisíacos círculos
para ser verde, que te quiero verde.

Y admitir,
mi sino de seducción.

Mantis nací,
mantis moriré.

A la rendición
de los vientos:

la maldición del trueno.

La buena suerte.

                         "y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía,                                  era mi amiga, pero yo la amaba."
                                                                                                                                                         José A. Buesa. 



Has de saber que no hay luciérnaga

que no choque contra tu torso,
y yo del reino, soy la polilla que más obstinada
llevo de cabeza tu nombre.

Eres la herradura

que cuelga de todos los aperos labriegos.
La flor de la novia, antes de ser cortada.
El billete, que servirá para comprar
el vestido de un primer beso.

Eres la suerte. La tercera coronilla de Magno

y todas las caracolas convertidas en playa fortuna.

Si usted me quisiera un poquito,

donde nacen los lirios 
en la mesa junto a unos recados 
que quitan olvido.

En las ceras

de todas las frutas 
de nuestros cuerpos.

Atienda a la paciencia de vivir cerca del mar,

con días locos
y planos cristales de luz.

Eres el hombre 

que no he dejado ni un suspiro de nube
para volverme fragua
y llegar donde tu tierra
espiga a dentro.

Labios que en cabina de teléfono,

han convertido mi pecho 
y manos que buscan el tacto móvil
esperando el retorno
de alguna de las dos partes..

Pequeña mariposa

que se posó sobre el vinagrillo
para ver curiosa
la anatomía de los amantes.

Un poema con el sabor

de todo miembro,
porque eres, aunque tú no lo creas,
mi bien soñado hombre.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Coser el ombligo.

Los camiones cisternas lubrifican las calles,
las cafeteras se desguarnecen de sus yelmos
con un sólo brazo de malaquita.

Exterminadas, como los buenos modales
de abrir las puertas a los ancianos
y no desahuciarlos de sus sillas.

Cada día un cohete con su cápsula "Clooney"
higieniza la atmósfera
del chorreo de un café de pobre.

Ahora, que me detengo
con la lluvia de palabras jamás escritas
desearía un gramófono para descifrar su rugido,
pero, creo entender, que ruega el aleccionamiento
en la necesidad de sentarme en un banco de una puta vez
y me ponga exclamar las causas
por las que un poeta menstrua cada ciclo.

Necia trifásica
mira por la azotea
deja el pino, pony, pena, pene, púnico y pubis,
estira tu lengua
y haz que azote como una llamarada
lo que está ocurriendo en este incienso pueblo,
niños que entierran a niños,
en vagones de cercanías 
recién llegados de Sorolla.

Casas sin dueños, especuloción, paro-lógica, 
expulsión de cerebros en morgue ferroviaria.

Abre tus alas,
deja la pluma para los que recogen alimentos en los días de viernes negro,
y levanta los brazos en esta tormenta marketing,
desnúdate de egoísmo, 
y corre, loca acelerada por el cambio.

Aunque sólo sea una,
una sílaba con otra.

Grano de arena, gota de agua, viruta antes del incendio.

Salgamos de los antros urbanos
y empieza a chillar,
porque lo difícil no es callar,
es empezar el primer grito.

Sucia de mí,
con las manos manchadas de poemas.


Lunasol

Cuenta tímido con orgullo,
que de mi poesía andaba enamorado,
mientras sujeto el predicado de otra botella sin vaso.

Soy hedonista hasta la meditación ultra,
así que al oído, creo, que  te he contado un par de pecados.


Ella, la maestra..., por favor, no me digáis eso
que me hacéis sentir la barba de tres lunas
y  vestir un traje con mangas que ocultan los dedos.

Me convierte en Juan Ramón Jiménez
con olor a naftalina, el platero y yo.



Si te vieras con mis ojos
lo fácil que es morder caimán a la presa,
la fragilidad de que los pétalos
salgan volando por la ventana prolífica.

Dime que mañana

cuando tu sangre esté aseada
y el éxtasis haya huido con la bruma nocturna.
Di que firmarás la tregua de darte toda,
pero, serena y sabiendo el nombre de todos los países del mundo.

Le veía alborotado, y esos dos lunares de iris
que desbordados declamaban latín.
Nos conocíamos de la  prosa y  del poema,
y cuando le vi la tiranía de mi sexo, dijo, quiero que sea mío.

Tus ojos borrosos, el estrabismo de otra copa
que desborda río
y loco me dejaste al umbral de la mañana,
con olivos que mareaban el cielo de un vértigo.

Me levanté en celo, pegado a un móvil

que bramaba silencios, y la lujuria se colmó
con el chocolate vespertino.

Yo... aquí he venido a cantar al eco,
no pensé jamás que una descarga eléctrica
sacaría a la  muerta de la torre de molinos,
pero...cuando la humedad de tu lengua al filo
bañó el papel de cigarro
creo que ardió Roma y me despojaste de la corola.

Me gusta el amor de una vida
que dura dos días,
tres horas,
media minuto
y la segundera incierta
de todos los tics nerviosos
de las estrellas.

Soy peligrosa,
¿te gusta la velocidad?

Te comí la boca
y tu saliva irrigó la rabia de un perro que quiere su hueso,
el tétanos fue inclemente en la rendición de todos los órganos
y una cruel hepatitis se apoderó de mis ojos,
de mi páncreas,
era amarillo iluso
que creyó que ya libre de narcóticos
no volvería a redimir tus caderas al baile.

He venido libre,
él me despojó de la locura.

He venido hasta la puerta de tu hombre

Un gato negro con ojos verdes cruzó el camino acacia fúnebre.

Y dije, soy libre,
y quiero ser 
hoja de ramo,
café de grano,
lino de paño,
oreja de tu boca,
piel de habanera
mientras Bizet, dijo:
-El amor es una pájaro
con alas azules.

Y después de recitar cada una de las capitales.

Esnifé la cúrcuma, 
y en franqueza, fue una despedida de un collar de perlas roto.

Te dije:
- Vete.

Y tu descolocado. Qué llevabas el baúl
por trincheras, como un guerrero
que había probado la fruta prohibida,
asumiste, que en esa hora rosa
quise que la soledad, volviera a salir de la maleta
y me abrigara con su cola gata.

Arroyo.
Y mar.

Tengo hambre.
Soy hedonista y peligrosa.

Me explicó, ella, que creía en la espiritualidad,
en la reencarnación,
en la terapia Gestalt.

Yo que soy un escéptico,

un empírico hasta la herida.

Y con los cascabeles, los triángulos oboes

me propuso la alucinación espiritual.

Piensa que he sido eso,

una fantasía que a horcajadas
se ha ido de puntillas antes de las cuatro de la tarde
de una lavadora con sábanas
que tenderás 
a la vista de todos los argonautas.











viernes, 28 de noviembre de 2014

Un caballo pelirrojo de mar.

I

Salió del maremoto
de las trizas de un barco de vapor
y su forma de arena
fue cobijo durante un tiempo
hasta que cambió de caracola.

Ya se sabe, al aumentar el dominio, uno no tiene el espacio justo
de los interiores áureos.

II

Volvió el mar, ese propio mar
que soy de mediterránea esencia,
cosmos de calma pero también desastre orbital,
y yo padecí, 
todos los pináculos estrellados,
todos los erizos, color petróleo,
todas las mordeduras de alimañas,
de ballena habitada dentro de mi propio estómago.

Pero, en ese instante, donde de nuevo
he lavado tu tez
preparada para el sacrificio.

He sentido que ya no soy el  astillero en pupila ilustrada,
donde tu desamor me dejó 
varada en la apatía,
qué miseria y tristeza de a-mar
que acabó siendo charco entre calizas,
a merced, de larvas, de oasis necroscópico.

Yo que moré en acantilados,
que navegué entre delfines muertos,
y fui el plantón de todas las bocas de marinos borrachos
en el fondo de un galeón hundido.

Vi como un hombre con sus propios brazos,
izó bandera, 
trasportando hasta el hueco de esporas rocosas,
el cáliz del estrecho: 
Atlántico y Mediterráneo;
mar con mar, oleaje de ojo zaino con piel de cordero.

Yo, que fui, por un amor la conversión caudal,
el escupitajo de brea,
el alquitrán sobre pájaro,
el rocío de ánfora,
agua caldosa, corrupta costra salubre.

III

Tenemos vistas en el restaurante de marisco
a los buques de guerra,
a la patera de esperanza polizón,
a la mancha detergente y a los desagües de hoteles de lujo.

IV

Mas la rissaga avistó orificios calcáreos,
salmorejo de penumbra de mujer faro
y me llenó de clorofila de las algas,
de todos los moluscos florales
que nacieron en ancla.

Embistió él, con oleaje
y sangró delirio sobre mi cuerpo,
para virar el agua: aséptica fosa 
y revivir,
resucitar,
renacer.
reverberar
la visión de una ahogada
que sintió la expulsión de parto
hacia las costas de marfil.

En el hueco lumbar hervían
las criaturas más hermosas del atlas,
la belleza inusitada de un cartógrafo rompiendo coral.

Sabed que no desespero en mi salvaje, foco torrente,
que regrese con sus manos
a cincelar la piedra 
en un mascarón de proa
abriendo vías a su sexo.

Mientras él recitaba:

   Tú no eres una sirena.
   Tú eres, Atlántida, de dos pechos turgentes
  que como dos islotes asisten mi lengua.

V

No volveré por ti Ulises a experimentar;
un año de neblina,
luto, metida en una lata de sardinas para gatos,
sin destinatario; la vida es así,
y el pirata, 
de palo sólo tienen el corazón.

Ven a mí.
Ven a mí,
Ven a mí.

Las gaviotas
cantaban.

No volveré amarte
escrito llevaban
las tortugas
en su máscara.











miércoles, 26 de noviembre de 2014

Costa de márfil

Subiría titanio,
cromada metalurgia,
pero, la rampa hace que los gemelos se atranquen.

Y ahora llevo pelusa de un gato nórdico en este jersey de Pull Bear,
y el olor a Loewe
que corrompe todos los ambientadores.

Ahora entiendo la magia, la verdad, la fe, el camino, el amor;
si tú eres ejemplo de ella,
marca páginas del corazón.

Entiendo la lengua perdida de los arco iris,
la rotura de raíz en tierra,
la suavidad de cada una de las piedras
que he sostenido como un obelisco.

Sí, entiendo, en el entendimiento, de la ternura,
del pasaje de los trenes veloces
compitiendo con el tiempo para evitar su lejanía,
y mido con la altura de las pestañas-toldos
el sueño de calderas, más hermoso de todos los pasillos de Alcampo,
el buscar un rincón en esta fibromalgia.

De seguir pensando contigo, y buscar tu cuerpo
en la ladera proscrita.

Puede, acaso, sacudir la tierra en un terremoto
y toda mi existencia de casas calvas,
de ultramarinos vencidos por el hierro,
en las calles huertas donde no existían cerezos.

Qué hayan florecido, en el minuto instalado
de conocernos, una fuerza de rótulas,
de esferas en cuadrada sintonía,
y el estar, ahora, con una ciudad interna
abatida por los besos golondrinas,
en este árbol que es mi percha,
del cual cuelgan cada uno de los momentos que viví contigo.

Sé que tú no crees en conexiones, en vínculos energéticos;
pero, esta tarde, me acerqué a recoger olores
para ponerlas en esta pared escrita.

Tal vez para ti, fue una alcanzada quimera
mas puedo asegurarle que yo, entiendo, incauta y ya no etílica de su voz,
que no he cesado, en esta reconstrucción civil,
de pensar en ti.

Como los que esperan en las paradas
a las cinco de la mañana
para ir a ganar el pan.





martes, 25 de noviembre de 2014

Otro lucero.

La vida,
que necedad más absoluta
el denominar que algo puede dar
lo que jamás se ha visto.

La antítesis de la nada,
está en la supremacía
de una fruta con sesera
que mengua a la velocidad
inconsciente, flores marchitas
que en simiente amanecieron.

Yo que a usted le abrigué los pies descalzos
y que lloró a su nieto que tiene sus mismos labios.

Salen a cazar las cornejas,
los lirios son más bellos
en los remos de novia
pero, en ocasiones, la moradura
se troca en un pájaro carpintero
que muele el cuerpo en blanca soledad.

Yo quisiera ser inmortal,
para no recibir más mazazos,
más grava a este corazón que tiene ya por costumbre
ver como se desintegran montes padres,
la madre que se gira hoja a la estructura del tiempo
mientras los hijos ven subiendo azoteas, es ley de aduanas e hipotecas,
pero esta coraza, no soporta los días
que su sangre vuelve a los suyos en recuerdo.

Cometas aladas, de hombres que sufrieron
y que van leña,
muy lenta
demasiado y prolijamente
como una llama que se ahoga,
la lejanía de un hilo de humo,
en su propia cera
a  orillas del Ganges.


Descanse en paz.

Feliz cumpleaños Eloy.

Pensaba poner todos los cisnes a volar,
pero, a veces el carboncillo
tizna los ojos, Eloy, a puertas giratorias,
pasan los árboles de pie
paralelos a la Avenida de Valencia,
con más ramas, unos que otros,
pero allí, sin claudicar, a tus escenografías
cotidianas, maestro soñador,
amistad Almadar, ya de cestería y de botella membrillo,
capaces de llenar un par de almanaques.

Está tu luna omnipresente,
tus plantas nuevas con zapatos viejos, 
el embrión manifiesto de un nuevo poemario
de versos con pan de pueblo,
de la sencillez estructurada a tu sombra piramidal.

Amigo, de fotos gaditanas
y hombre de la mujer hermosa de playas.

Ya son unos cuantos cumpleaños,
a la vera de este calidoscópico
ente, de hablar de política subarrendada,
de creer en el ser humano mutante
y sentir que nunca pasan los telediarios
por carreteras de Nebraska.



Feliz cumpleaños. Eloy.






lunes, 24 de noviembre de 2014

La resurrección de Zarzamora

                                                                           De Andalucía vengo 
                                                    y me cantaban 
                                                    con coro rociero
                                                    la mancha de mora...





Cuando la lejanía
se-llamé vías ferroviarias
y sepa la comisura
a la fresa.

Amarra lazo organdí
y átalo a tu torre, que yo...

Cuando la lejanía
se-llamé carreteras estatales
la mani-cura, entre los labios,
dará alivio a los viajeros nómadas.



                                                           

Sin título

Poeta, profesor y bibliotecario
de una pequeña estancia,
la paradoja del orden
de las cajas de las medicinas,
agua destilada en ampollas,
tijeras gimnastas
y varios detergentes en la pila.

Buen orden, Señor Pecas.
A la orden cruzada,
de esta Tramuntana
que con los ojos ováricos absorbe 
la energía cacerola
y que acabaría renegada
a los encantos del maestro 
de cuento infantil y lápiz sonrisa.

Acaso, no se dio cuenta,
que en el archivo 
esperando tu letra acordona.

Qué sobre una cama de sábanas de abuelos,
estaba yo,
y mil caricias.


El libro del tomo rojo oriental.

Él, es profesor y tiene en su casa
columnas de atardeceres libros
que se apilan en busca del techo.

Libros por la mesa,
por el sofá,
dentro de la cama,
debajo de las alfombras
y su mirada,
agolpados,
que desean la horizontalidad
de nuestros cuerpos.

Metafísica y empirismo.

Por la superficie, un batallón de pasos húmedos,
de mi desnuda luna.
La pera almíbar en parajes alisios.
Sus labios, hablaban siete lenguas
y ellas, olas acróbatas, contendrían un di-que...

Entonces, las compuertas Levante
arrojaron mil caricias que como gatos maullaban:

-Carpe diem.

Pero, a medida que el azul era lila y tu bravura
se convertía en un espigón de cereales azucarados.

Descubrí que tú me habías amado Eolo, antes del encuentro de los ver-vos.

Sabías la poesía de memoria catecismo,
piropeando la inteligencia de los ojos.

Y, descubrí que te había amado 
el día que aprendí a leer en la calle,
a escribir la primera vocal en los muros,
las andaduras niñas.

Dulce, te llamo de leche jeroglífica, melaza
con beso pagado con beso
con cuerpo pegado con cuerpo.

Y exclamé, campana:

Carpe diem.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Yo te perdono.

A veces con el sonido violín
del estornino
una hace balance de su vida
y la ve, ya no como un bosque
que oculta al árbol; la distancia
cae hojas, florece almendro después del frío,
la distancia va creando enramado
que prolifera en ungüentos,
en aquella mandarina que perfumó tu boca.

Una hace, para discernir
que fui la esposa equivocada del marido,
y que él no pudo con sus manos
crear felices sombras
que me hubiesen hecho mesa
y no errante.

Con una esponja marina lavaba sus radios,
le envolvía terciopelo a la humedad del abandono;
si no había dinero quemaba mis huesos,
si no había comida buscaba todas las semillas
y plantaba un peral en medio de la cocina.

La sed, la traición, los celos.

Vivía él, dentro de un traje de cartones,
sus brazos de almidón
eran los manteles de una cama con trabajos forzados.

No chillar antes de las tres, no andar de la mano en público,
bañarse con el combustible de la esperanza
de amar un hombre que decía: Yo te amo;
pegando etiquetas por el cuerpo en cinta.

Ahora muchos estorninos después
veo la quiromancia
 del camino del reverso de las hojas.

Fui la esposa
del marido equivocado.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

My name is

La lumbre, en mi vientre, más que un sol.

Y no poder tocarte.

Notando el oleaje 
como se come mi espalda,
bordear cada cuneta 
de mis curvas de mujer gaviota
con la brisa alcalina.

Y no poder tocarte.

La vereda de catálogos de viajes a Cerdeña;
para independentistas de buceo
que nos separe del amonal 

Y no poder tocarte.

Cuando me toca,
noto la presión terrorista en mis oídos,
antes del estallido,
superficie de botes lacrimógenos a la deriva;
la elegancia de peces sin boca
que borracha boya navega de un lado a otro.

Exsirena, sin archipiélago,
embarrancada durante una hora
hasta que la marea humana,
se vaya de acera
en una manifestación marítima.

Tus manos son los pies
que pisotean mi pan y carta
porque venzo arena

Y no poder tocarte.
Y no deber.

Convirtiendo playas de mis es-camas,

la estatua que llevan a rastras
los antidisturbios hacia el blindado corazón.

Aguas salinas

Y no poder.

martes, 18 de noviembre de 2014

Sanitario

                                                         Si te portas bien..., te compraré un Rolex de oro
                                                                   con esfera de diamantes. 
                                                    

Hay campos de concentración 
con cortinas de baño con flores,
golpes en la espalda y pómulos
que son paisajes de cirros,
de cúmulos verde-azulados
anunciación de borrascas.

Para aliviar el padecimiento de la bañera,
a ella le duelen los grifos,
la cadena del tapón que obstruye el penal,
el jabón en frascos bonitos que asean sudoríparas.

Hay días y noches.

Que se reunen los traumas
dentro del baño

y el espejo escribe
sobre el vaho.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Visita módica.

La clase de terapia siempre empieza con la misma junta de retórica.

¿Estás más delgada Luisa?

Llegué con retraso, últimamente cedo al sueño
en el instante preciso de poner el despertador.

Ese invento de medidor de tiempo
que un aprendiz de tortura ideó.

¿Cuéntame, cómo hace el amor?

Recuerdo que llovían tomates
y los cristales acabaron rojos,
opacos de tanto meteoro hortaliza
golpeando sin cesar.

El amor. Eso qué es un fruto salado
que comen ansiosas las ánades 
en parques que amontonan papeles 
y bolsas de patatas fritas en la quinta avenida.

Tú que has sido todas las intermitencias de mi minutero,
el sol rojo de mi naciente respiración,
he decidido a conciencia después de tanto improperio
literariamente liquidarte de mi vida,
prenderé a conciencia toda tu genética,
 tus formas que estimulan mis glándulas salivares
al peso catalítico de tu cuerpo.

Y te convertiré en un cúmulo inquieto del pasado,
como cuando voy en tren y la alta velocidad
rompe los contenidos en miles de líneas paralelas de colores arbustos.

He decidido, en esto del enamoramiento,
amarme más en mi empeño,
de ser merecedora de auroras boreales.
Qué el éter que tú das, es pésimo contratiempo cloroformo,
y ahora renegando de ti,
eres, sí, eres y deseres un suavizante licuado que sólo adornará la ropa.
Un impacto en toda mi cabeza de tomate.
Que acaba en un sobre de aluminio en un cadena de restaurantes
donde los novios besarán a sus novias por un euro de hamburguesa.

Suena la alarma,
Temo que ocurra lo de siempre, como un Sisifo con periodos menstruales,
levantaré mi estructura
y esta bombilla azotea acabará con sus estambres, de nuevo, quemados.
Para no sentir absolutamente nada, asintomática, inmunizada,
con hemorragias en las muñecas,
ausente zombie, envasada al vacío,
un reloj de pared anunciando peces muertos.

La mujer vulnerable en que me has convertido
sintiendo la sangre a galope en el pecho,
un radiador entre mis muslos
y el corazón puesto en un corcho 
con las chinchetas de tus palabras.

Curioso mecanismo de defensa.
¿Qué posees que trastoca las normas de conducta?, dijo la terapeuta.

Pero yo quiero seguir corriendo,
desnuda,
tras la explosión de Hiroshima.

Quiero que vea el mundo
la foto-poesía
de las heridas de una guerra.


viernes, 14 de noviembre de 2014

La caída de Atenas

Te prometo
que no descubriré jamás los pechos alevosos
cuando cruces la cortina.

Te prometo
que aunque los pezones
sean dalias que busquen el agua de tu fuente,
ocultaré los lunares
tras la nube.

Te prometo 
que no volverán a ser besados
pero amaré los silencios,
cada vez, que los ojos sean ojos.

Qué saldré de los tuyos
a nado, dejando 
que la enredadera crezca 
en las esquinas de mi plaza.

Te prometo
tatuar el nombre
de mi próximo amante;
parir un hijo
que se parezca a tu torso
y será el más
deseado de todos los estantes.

Te prometo
que ya no hurgaré 
en tu corazón de piedra
como el musgo
sobre tu desnudez y la mía.

Te prometo que has ganado.
Que me has vencido
y todos los puñales
son hojas de matas.

Te prometo 
que no hay sufrimiento,
que mis senos te amarán después de muertos.

Pero, promete fe,
que cuando estés tras del horizonte
pecho fuera de pecho
y recuerdes la despedida
escribirás la caída de Atenas.