martes, 30 de septiembre de 2014

Bloque o hielo.

Echar de la vida
sacar la basura a la puerta
tomar las pinzas y extraer de raíz un pelo
aprestar la pústula y aguardar la cicatriz
caer la costra
tirar la ropa viaje de hace años
subir y dejar atrás la sombra
arrancarme de tu cabeza
decapitar la foto
anular el índice en busca de la palabra pérdida
encontrar la dirección de salida
para sacar los paraguas
y mojarse la cabeza sin peluca

recoger la ropa del tendido
y quemarla
pisar, delinquir, exprimir
cualquier atisbo.

No soy más que una línea

acaso te molesta
la oreja en tu lado izquierdo.



domingo, 28 de septiembre de 2014

EL BLOG DE MIS POETAS: DE MUDANZA POR LA VIDA

EL BLOG DE MIS POETAS: DE MUDANZA POR LA VIDA: No todas las trayectorias poéticas tienen la misma evolución. Las hay que son inmovilistas en cuanto a la temática, tratando de profund...

Casualidudas.

Y si fuésemos folios en blanco;
hoja de árbol que fue amante de bosque turquesa,
un árbol que tuvo araña y gusano,
un folio clorado
con el incipiente punto
de un bolígrafo azul.

La pieles frutales
con una hendidura.

Si los astros pacen
manchas solares.

Y el cielo se cuartea
con el ozono.

Fragmento de ADN que soy, 
acaso inmortal te creías,
como la mosca sobre la uva,
el moho en el queso,
la pared con un punto negro de insecto.

Y si fuese una hoja
a punto de naufragar
en la trituradora.

II

Morir no molesta,
supongo que uno no siente.

Es dormir sin pesadillas
y preferible el cáncer de un amor que te desprecia.

Todo tiene un porqué,
hasta el verdor del pan cura y mata.

Y si fuese una hoja
a punto de ser cartulina negra.

No importa el erial de esta contienda
creo que estoy en la circunstancia pizarnikándida
con ventanas vestidas stornis;
porque hay muchas formas de fenecer
y una de ellas, le aseguro, que es vivir sin los hijos,

que nadie te cubra con la manta
como el pescado sobre la barriga arena.

Lo único que preocupa
es dónde irán a parar 
todos los poemas del mundo.

Y la risas de los hijos.

¿En una cápsula 
vagando por las galaxias?

Un óvulo y un espermatozoide
que murieron sin cerebro
para dar vida.

¿Dónde los pecados a parar
 de todos los poetas del mundo?

Y las risas de los niños...



sábado, 27 de septiembre de 2014

El cuento de Nuria y su piscifactoria.

Esto es el cuento de Nuria, 
una niña que pasaba horas
contemplando en el estanque
un millón y cinco peces.

En las aguas hojas,
carpas salmones
y el deseo irrefrenable
de llevar tanta compañía,
bonita cosa, luz,
a casa.

Ella pecosa de interrogantes
con un barreño de plástico
y sus manos ya amoratadas
por el frío
llegó a atrapar
un millón y cinco peces.

La bañera
desnuda
espera.

Vertió el caudal
con vida. Pero, a la mañana,
objetos viscosos
con ojos ceniza
flotaban como palabras feas.

Nuria, involuntariamente
por egoísmo había perdido.

La bañera 
vestida
llora
un millón y cinco peces.

Moraleja:

Amar en hábitat concediendo libertad no es apropiarse de las cosas es compartir. Pues, hay personas en cautiverio que se mueren y tienen que ser universales.

Palabra de pez de colores: LLuïsa.


Caridad dubitativa

Siempre me quedará la marca
pero también la incertidumbre
igual que el sol extremo de un cigarro
si osó tu calentura de gripe
escribir un viejo poema con mi nombre.

Me quedará la aparatosa nave
que vigila la meteorología
prisionera de ver la tierra desde el cielo.

La pena de no saber
si no fui más que un sueño.

De traje alquilado
para visitar la feria de mis ojos
cuando te veían.

Fe trasquilada de lana 
en todos los bonitos jersey de punto
con un hilo suelto
a las conjeturas de los demás.

Soy Isolda. Y ciega imagino
que quizás, en busca, plegado ala,
cubierto de tiza, manirroto y un buratacho por firma.

Haya un pedazo de papel
sincero de desnudez
con lo que se elude
la verdadera historia de la huida.

Dentro de un bote de café
o una lata de galletas danesas
la carta que nunca tuvo destino
de un viejo con un amor sin poema ni nombre.

El formador de sales.

El halógeno número sesenta y siete parpadea
resistiendo a los fluorescentes 
que ganan la batalla a la bombilla
en esta cruzada nocturna 
desde el trabajo a una casa
que guarda suya un momento.

Y las primeras muestras de catálogos
vuelven librerías a los buzones;
eso al fin al cabo, es la dulce rutina,
llamada así por mi compadre Eloy.

La procesionaria de días
al cobijo de un mensual pináculo
que pincha pero duele
en una arruga diminuta mas
que se resiste al botox.

Dulce rutina
con sabor a borrasca,
embadurnando un cuerpo
con los primeros espasmos del frío.

Yo antes era demasiado yo,
ahora, lamparita de mesa de meses,
quiero ser para todos.

Enchufes felinos de colas blancas alimentando
a los focos gatos curiosos 
que olfatean la penumbra.

En el deslumbramiento 
que procede de hogares con más electrodomésticos
que gente.
Y en mi soledad de fantasmas
sentada delante de un ordenador de dudoso linaje,
bajo el flexo escribí el pasado:

Amar, querer, desear, abarcar, anhelar.

En este momento, me conformo y debo en cebra:

Estudiar, aprender, estudiar, aprender.

Mientras un anuncio en la televisión
con el mismo tic
del halógeno número sesenta y siete
se refleja en mi frente luciérnaga.

El amor no está hecho para esta poeta Le Corbusier.

jueves, 25 de septiembre de 2014

De vieja quiero ser Bukowski.

Una página de fiambre,
una cerveza caldo y otras Islas de Sándwich.

Esa bolsa
por manos pares sin patatas;
o un teléfono que comunica
llamando al chino
para amar al motorista
con olor a aceite
y sonreír a alguien
que no sea el espejo
de la encimera.

Un silencio afrutado.
Galletas sin vaso de leche.
Es cena multiorgásmica.

La llamada del microondas
y no haber nadie detrás de la puerta.

Un morreo
en un bocadillo de anchoas
con tres vinos de regreso.

Mortadela en rulos
y una mirada al mando
con la cabeza ladeada
a la cocina en busca de pan
para los ojos.

Posos de cien botellas
en una mesita de noche.

Un cigarro en una cama,
el queso mal cortado
y otra cerveza caliente.

Con ni siquiera
un perro meneando
la cola.

La soledad
es cien gramos de chorizo
y una revista porno.

Cenar algo a solas
en lo callejones
de una casa
sin ceniceros
en las luces de la ciudad.

De vieja
quiero ser Bukowski.

Ll. Ll.

Interferencias tesituarias.

La crueldad del agravio
no conducen a buen sendero,

el sentir que una molesta
en la vida de uno,
y él arremeter la lluvia
con la única coraza
de un paraguas sin tela.

Por qué oculta la sed tras la fuente,
desmerece este amor
que os prodigo.

Si conoces los puntos cardinales
y mi lengua sabe del idioma
de los lunares jade
o vete saber que hueso roto.

Sus palabras que como cardos
esconden el manjar
de ser más ser.
De menos precio
por divisas al mar.

Qué delito,
he cometido
si al estar cerca vos
de mi inconsciencia
sabe darse como

un hombre
que ama
a una mujer.

Las primeras ramas deshilachadas de otoño.

Para él, un árbol.

Sí, esa es la definición
apropiada.

Ignoro si un manzano,
peral o poste de luz.

Pero, no un árbol
para arañas de gato
ni orines de perros.

Un árbol corcho.
Un árbol caucho.

En mi espalda
escribió dos iniciales,

un corazón
de polígono abierto

y una flecha falo.

II


De lo que si estoy segura
que sauce llorón no soy,
no hay lágrima de resina
en las piedras
de mis ojos de gata.

Tal vez, el peor, de toda la arboleda.

La palmera.

Refugio del viajero.
Obelisco del oasis.

III

Simiente, raíz y sombra.

IV

Si por un momento sintieras
la salvia abocada
sobre mi cuerpo
como ese árbol que exhausto que lucha contra el viento,
y las humedades que sobre mi tierra germinas.

Cuando tus manos sobre mis muslos.
Cuando la arada de tu lengua sobre mis pezones lunas.
Cuando tu virilidad es rama de mi tronco.
Si tú sintieras el milagro del Amazonas...

Crea usted, naúfrago.

Con el corazón y no con el bosque.

De esta isla, 
usted, salir no quisiera.








Channel.

Tenía un mejor amigo
que ahora es recuerdo,
supongo que eso significa
que era el peor,
pues, se ausenta como los unicornios
cuando los niños se despiertan para ir al colegio.

Luego tenía una familia; la herida que más duele.

Pero el capataz de la hacienda
era un hombre cegado por la cocaína
y huir fue salvar mi alma
de sus llamas de Roma.

II

Maldito Nerón.

III

Tenía amores 
donde me convertía
para cada uno.

Lo que más deseaba.

Quieres que sea noche
me pintaré de negro.

Quieres que sea día
abriré mi sonrisa.

Jugaba hasta que como una gata apolillada
pasó un coche
en medio de la autovía.

Alimentada de los escombros 
me abrió en canal.

Ahora sé lo que es el amor.

Desangrada al lado de los contenedores de reciclaje.

Para dormir el sueño
de los unicornios que galopan 
en el minuto exacto
de los despertadores
con forma de Disney








martes, 23 de septiembre de 2014

Una gavina petita és una gavineta.

A vegades em fa mal el cor
i una pena molt grossa
viu sargantana de cap a peus.

Començ la mutació de la terra illenca,

sentiments que ensumen moixa la tardor
a cada arbre d´espelmes.

Sense mans, ni dits, 
el coll ficat 
a una palangana roja.

Amb unes cames trencades
per serres tramuntanes;
cosides aquesta vesprada
amb agülla de pi i fil de pedaç.

Pedaç del vestit blau
que em vares llevar, i despullada,
fer retalladures
per donar menjar als coloms.

La il-lusió pot més que cap tisora;
jo, no necessit cos.

Als vaixells només els manca la fusta.

Va ésser la revenja, d´un parell de segles enrera:
Don Joan Baptista 
i una mallorquina coneguda
per madó Sal-lomé.

Lisboa amaneció con el canto del gallo.

La mañana con gallos sin cabeza
canta canciones de cuna

y cada una de sus crestas 
que coronan su miembro delatado yacen,
en cada músculo de este sofá, 

puerto de desembarco.

Gallos sin plumas en bandejas aladas,
sirviendo pico a cola
a la folie de beber de sus ojos.

Para qué hablar de rubí, diamante o platino,
si yo señor de los feudos
de calles con olor a azafrán y risa descarada 
soy holograma.

Cuando te quitas la máscara
y jacintos amanecen en tu sonrisa,
van navegando pétalos
en cada uno de tus movimientos de hombre.

Qué espejismo, cuerpos mojados bajo la lluvia, 
y sin embargo, dónde está el alma.

Di, lujuria mía, en que lápida florece,
si al sentir las embestidas rompes en mil poros
los jadeos de gallos sin cabeza.

Soy tuya, igual que un botón deshilachado a punto de perderse,
cuando tu sombra crece
y se bebe mi luz pijama.

¡Siguen testas cortadas a barlovento!

Creciendo musgo en cada mecer,
somos de vinilo, látex y burbujas de plástico.

Me bañas entera, y luego, 
sólo siendo un ritual derrocado
la aldea abandonas.

Con los espolones clavados 
escribo al alba, hoy siendo,

cuerpo de gallo

sin cabeza.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Bar y edades

Si por casualidad,
naciera de nuevo
y en el proceso de selección
pudiera escoger

Entre un león y un cordero.

Sin duda, el rey de la selva
sería el elegido.

Si pudiera volver a nacer
en otro ser vivo reencarnado.

Entre la mariposa y el león.

No quepa la duda.

Sería Butterfly.


II

De vez en cuando. 

Sólo. 

De vez,
en cuando.

Sale tímida
de su escondrijo.

Así es ella.

Precavida y muda.
Mi amiga.

La lágrima.

Re
construcción.

III

Ay Ofelia
sal del barrizal,
peina tus pestañas
y recoloca las estanterías
de tus ideas.

Allí afuera un bus
con billete a Plutarco
y cien tazas de café
que van a ser besadas
en alguna tarde Mayo.

IV

En mi infancia siempre fui surrealista
mientras las niñas
unían las bocas amorfas
de Barbie y Kent.

Cortaba con ahínco peluches
y muñecos articulados.

Mis compañeros de juegos,
las farolas y las nubes
susurraban corrientes:

-A ella, le gusta la mitología.

V

Contra el agujero
de estómago
cinco vasos de agua
y una cucharada de sal.

Y tengo mi pequeño mar
dentro de las entrañas.

Luego bailo
para alejar las penas

notando las olas
que sacan un cuerpo
desde el arrecife

Canto de sirena trasnochada.

¡A vivir, qué son palabras!

sábado, 20 de septiembre de 2014

La amistad es un nombre de velero o la amistad en cubierta.

I

El maremoto sacó un bote de Coca Cola,
era un sarcófago,
y en él un corazón latía.

II


Mil meriendas de niño.
Cincuenta asados de boda.
Veinticinco mechas de peluquería.

Y el corazón,
un rollo 
un rollo
un rollo
de papel de plata.

III

Del envase salió arácnido.
Era un corazón con patas de insecto.

Huía rápido hacia el oleaje.

La lata hincada en la arena
se quedó contemplando su marcha
con unas cuerdas 
sin barco.

IV

Pies descalzos
en la orilla
esquivando corazones
que con sus tenazas siempre miran al pasado.

Hay una bolsa y una chapa oxidada.

¿Dónde están las conchas?

¿Los besos y las caricias de Estrella Damm?

Las botellas qué rieron,
las brújulas y los remolinos de niños 
corriendo tras la sombra de las gaviotas.

V

Hay sirenos hombre,

incauta... no creía del azul con el verde,
de los limones con forma de luna.

Me jactaba de los cangrejos
que amaban a los erizos,
pulpos con tinta de medusas,

de la locura de sentir su canto.

Ata mi cuerpo al mástil.

Y deja, sin su amor vivir, que suba la marea.

VI

La contaminación llora manchas de petróleo,
pelícanos ahogándose;
amantes cenando pescado
con sabor a mercurio.

Todo se muere.

Hasta mis esperanzas.


VII

Un puerto de estación.
Tren de mapa.

Porque no entiendo
de numerología.

Uno de isla,
dos de ojos
y tres
en una silla de playa.

VIII

Deja de fustigar el viento,
no lo metas en las colchonetas de colores;
deja el abanico mudo
y las hélices de las lanchas.

Deja, poquito a poco,
que se me vaya el llanto
como la luz sobre las olas.

XIX

Nunca un monte
podrá entender la cuneta.

No te amo.

Escribió 
como un cambio de camisa si anochece frío.

No entiendo de correspondencia marítima,
igual que estrechos que separan continentes.

Espaldas enrojecidas,
y preludio de otoño
en banderas, color yema.

-Amigos a la vista.

Exclamo el marino de manos arcillas,
mientras deja otra braga  izada en su bergante;
trofeos del mar,
como hacia el general de blanco y negro
pescando atunes.

Y desnuda me abandonó,
con las palabras atoradas

en redes 
junto a las nécoras
y un delfín 
que no sabía que era cría de ballena.

XIX

Noto el arpón
atravesando el hígado
y sangre en cubierta.

Las piezas más codiciadas que yacen en el océano
son las piernas de todos piratas,
son los ojos de todos los piratas.

Es mi corazón salino
hecho 
gravilla de costa.

X

Y mientras la basura 
contempla el ocaso.

Los veraneantes
vuelven
habiéndose bañado,
sin saberlo,
en mis lágrimas.


XI

La culpa no es de nadie.

Es de los huracanes
cuando un corazón caliente
y una mente helada
se juntan en una cama
con vistas al faro.

Perdone si sigo amando como la sal
y hago heridas
igual que la cal en los hierros.

 Las Anclas y las Velas
nunca hicieron buenos matrimonios.












viernes, 19 de septiembre de 2014

Él ama sin culpa.

Cómo se olvida
di, café y casa desnuda,
cómo se olvida
un amor de toda la vida,
más vida da muerte
entera
con el comezón de un latir
que dejó de ser ritmo
para ser línea
horizonte
filo de navaja
en rojo corte
en mi cuello.

Di como se olvida.

El beso.
El beso de dos cuerpos.

Experto en materia
sacacorazones
es tu estigma de costumbre
amigo mío
de mi tristeza helicebra.

Con tiempo supongo.

Limpiar el tuétano.

Bajo la tierra.

II

El verdugo
pregunta
a su víctima:

-Estás bien.

Antes de bajar la guillotina.

Él no tiene,
culpa.

Es su trabajo.


He escrito esta canción de Pirata para ti.



Me gusta tu jersey pirata;
las canas incipientes de tus huecos,
hierbas metálicas
por los espacios.

Lo hacendoso que eres
con las plantas;
acicaladas con dientes de ballena.

II

La extrañeza
de guardar conchas
en un bote con tapa.

A ellas, 
por los cajones,
les gustan ser libres,

Playas 
de mobiliario urbano.

Cosas de Pirata.

III

El jersey pirata
te sienta de fábula
y la holgura de tus pantalones guardan,
bolsas de aire
donde circulan meteoros.

Desconozco, de que material están hechos.

Piedras estelares
errando por el ciberespacio.

¿Di, la verdad?

Dime que no son
fragmentos de corazones rotos.

IV

Jersey pirata
con mangas jirafa.

Estoy encelada de su punto,
de la forma que te abraza.

Deja una hoja de mi olor.

Para que la raya horizontal sonría
y se produzca una elipse felicitatoria.

V

A veces al abordaje.

Entre mis pezones y tus yemas.

Entre el pecho y tu tórax.

Entre los sentimientos
y tu hermetismo.

Hay una infranqueable barrera coralina
de un jersey Pirata.




jueves, 18 de septiembre de 2014

La espera.

Tuve la suerte
de tener dos padres.
Uno panadero,
las noches del horno
hacía corazones de miga.

Pero, un día de septiembre, de la mano nos perdimos en un parque.
Papá, jamás volví a oler la harina de tus manos.
Luego, Xisco que me enseñó del mar el yodo oculto de la gente.
Era un hombre de manos de música;
demasiado bueno
en un mundo de hienas.
Piano, se fue piano.
Era abril.
Mis manos se quedaron dormidas
de luz.
Esperando sentada en un banco de madera.

La fotosíntesis de los tomos azules.

Mi chaqueta sin escudo,
de la Sorbona,
 pues,pillaba lejos de mi barrio.

Mi acento no es de Oxford,
llevo el tajo en el pulgar
cuando con dieciséis años,
trabajaba en un horno.

Siete puntos de sutura
y la insensibilidad carnífora.

Aprendí de las lecturas obligatorias
en el descanso de dos recreos,
comprarlas era un lujo,
y los paisanos de aula
las otorgaban en usufructo.


Crecí en las calles.

A la sombra de los libros
de una biblioteca pública.