lunes, 1 de diciembre de 2014

La tregua, bandera blanca.

Tu silencio atormenta.

Y que querrías que hiciera,
si me arrojaste al destierro
y como un óvulo perdido
me alejé con la lástima
de que tú no me estimes,
ya que, has encontrado un amor
a la medida de tu esperma,

no me uses de mesa camilla
y pierde tu cola, una vez por todos.

Durante un año, te fui fiel, cisne
con hambre en los labios,
no había noche,
que no recordara el peso del elefante.

Lamía los lugares que tu cuerpo había pisado
y para no ahogarme en esa charca de locura,
cambié de casa,
pululando por las callejuelas
me emborraché terapia mil veces
me clavaba astillas en las yemas de los dedos
cada vez que iba a escribir
tu no nombre en cada poema.

Cada vez que 
felón tú viajabas más lejos
arrancado hierbas sin aroma,
te, y sin embargo, dormías a mi lado a
amo como la cicuta, espejo de azulejos rotos
para germinar en bosque turquesa;
supuradas lecturas de poemas de pasión tango
que no eran para mí,
que eran para otras.

Oh refugio salvador, en la sabiduría
de los libros, pero cuando leía
la palabra trueno, yo quedaba quemada
como una triste cerilla en el aseo de un metro.

Por eso después...de lo acaecido
te pido perdón,
si te he dañado en tu estructura ósea,
y asumo de una vez por todas
que 



tú no me amas.

Para saber
que en mi sangre
está el virus malicia
de tu saliva, tu sexo, tu orgasmo.

Todo tú.

Hasta el fin
de mi incineración.

Perdón ame.

Estatua sin cabeza, que sólo 
salvia escribir poesía.

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