miércoles, 3 de diciembre de 2014

hp

I

El postín en la mesa

y el cuchillo rimado,
cortó lámina a lámina
¿salsa o sirope de arce para tal ágape?

Allí

sobre plato porcelana
el caníbal
devorando mi cerebro.

II


Era la fresa más valiosa,

o por lo menos una de ella, de entre todos los matorrales,
dormida entre mil hojas.

Diga la verdad,

hombre de glucemia,
que no fui más,
sobre su lecho,
que la inmolación de un postre.

III


Y qué voy hacer ahora.


Si desnuda ante ti

fui la sinceridad de todas las manzanas
y depredador me cocinaste 
para dejar la boca entreabierta
del asado póst mortem.

Qué voy hacer,

si sus ojos tienen la gula
de cada una de mis letras
y hacen sopa,
sí,
caldo navideño,
de cada una
de mis lágrimas es-cocidas.

IV


Sólo tenías

que pedirlo
yo te hubiese entregado la perla, por propia voluntad,
no hacía falta que abrieras 
la concha.

Con tu lengua cuchillo.


V


Y ahora, en esta cama leonada

yace mi cuerpo
igual que una pulóver mal trecho
en una mesa de Primark;
un cuerpo que perdió su corazón
en una pelea de gallos.

Y lo que me duele no es 

este vacío
que he rellenado con algodones desmaquillantes
para notar que me he rehecho de mis fosas comunes.

Lo que lastima 

es que esa prenda
la haya tejido
una niña con una pata de silla de altura.

Y ella y yo,

perezcamos en la cadena del montaje.

Absurdo, verdad amigo,

los caminos que tienes las lanas
para anudar al cuello.

Las esperanzas.


VI


Ayer te lloré

como el muerto
en que te he convertido.

Renovada después de la ducha libre,

un café con pastas dentífricas
creo, en eso que tú me has dado
puede ser eterno en otra persona.

Hablé con un par de amigos,

el numero primo de mis secuelas.

Cada uno argumentaba el veredicto

de la tartaleta de frambuesa 
ante la mandíbula

¿quieres mis páginas?


Toma, son tuyas.


Yo, no las quiero.


Ya no hablemos más del tema que pronto el año comienza

y en todas las vitrinas
yacen pasteles decorados,
cúpulas renacentistas,
iglesias barrocas,
oro de barniz,
guindas y amaranto.

Yo, sólo soy

el papel que soportaba
el pilar
de tal ilustre obra de repostería.

El papel,

el papel,
tu lengua,
el papel,
el papel,
el papel,
mi boca,
el papel
el incendio,
la chispa,
la llama,
el papel,
el papel,
el ritmo,
el papel,
el impulso.

Y la nata.


Nihil.


VII


Y acabo con el siete

este canto de obesidad
inoportuna.

 ¡Qué teclas más musicales tienes!

 ¡Qué antenas más parabólicas tienes!
 ¡Qué cableados más rosas tienes!
 ¡Qué memoria en gigas tienes!
 ¡Qué laptop más cálido tienes!

 - ¡Para verte mejor!

 - ¡Para oírte mejor!
 - ¡Para abrazarte mejor!
 - ¡Para olerte mejor!
 - ¡Para comerte mejor!














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