martes, 30 de diciembre de 2014

Glaucoma letal.

He hecho una promesa,
a fuego la he marcado
sobre cada mentón 
y aureola de pecho.

No me vas a volver a ver jamás,
lo he decidido, seré la foto de una revista de domingo,
unos colores reunidos
en la plaza del eco.

Pero no, en persona, por mi palabra,
por los planetas que giran dentro de los secadores
y la lavadora con Plutón blanqueante.

Qué aunque muera de pena,
y esté en lecho de muerte.

No volverán estos brazos a rondar esa herida
que me mata, no, el hombro que sea carcoma,
que el corazón se hiele y se convierta en minas
de lápiz y cuarzo. No deseo, aunque martirice esta decisión
y tenga que atar mis pies almenas en troncos de almendro.

De rodillas a tu tierra.
A tu faro.
Al fuego de tus ojos.
A tu mortífero perfume.
A tu taza compartida.
A tu burla parálisis.
A la camilla sumisa.
De cabeza a pies colgando.

Qué no volverás jamás a verme.

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