domingo, 21 de diciembre de 2014

GatoPotaG

El amor es un pájaro bobo,
¿qué afirmo? no, un pájaro no,
es un gato, un gato bobo
que va de un lugar a otro de la casa,
sin saber exacto donde frenar.

El gato es como un enamorado
en gabinete de crisis,
se enzarza en la búsqueda
cada uno con su correspondencia, el primero: desea
atrapar con anhelo su propia cola,
el segundo: unos brazos que no le corresponden;
cuanto más estira la garra
más se aleja el apéndice de sus deseos litios.

Es la hora de dar vueltas,
girar acaloradamente
en caza de uno mismo,
porque en dicha hazaña
uno está más solo que un pacifista
en la proa de un atunero japonés.

Podrá el amante hacer una inversión surrealista
de bombones, flores y relicarios,
igual que yo en juguetes, parámetros gatunos
y cassete de música relajante para felinos
que el gato versus enamorado
ve una greña, un descosido, pelusa o borla descompuesta
y cree que se encuentra ante un regimiento de salmones
en carpaccio.

Imposible dar entender
lo que no se puede alcanzar,
ratones de esperanzas,
y se entablan en el juego idílico
de una sombra reflejada
sin percibir ni siquiera lo tridimensional de los elementos.


Sólo nos queda oler los momentos comunes,
lamer la piel saneando el polvo que no llega...

Yo, que soy una enamorada ágata,
emperrada en meter la luna en la bañera,
pero, no consciente de que es sólo el espejo
que ilumina la mampara
y que ellos los gatos, los de verdad, que maullan
y se alimentan de latas perfumadas
y almizcle, tiene miedo a(l) mar.


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