jueves, 25 de diciembre de 2014

Fósforo

Si crecer es obediencia
debo respetar su voto de silencio,
ya sé que soy un balón metido en una pecera
con las pobres carpas a punto de fenecer
por pánico.

Y me agradaría descubrir si este ovillo tiene Cabo de Hornos,
pues, no entiendo esta opresión en el pecho
con la invitación a un destierro de fiesta,
estoy como una monja de York con la tensión rebaja,
Ramón Llull a la vera de mi flexo,
y el amago de mi fobia social por destemple.

Yo quisiera no amarle
que fuera como un bocadillo de anchoas,
que cuando se termina, se barren las migas
y bebiendo un trago de agua
pasan las raspas y se ríe la vida por lata.

Pero, no, esto dura infinito, y estoy aquí
tejiendo una bufanda para la Estatua de la Libertad
y su sombra.

Porque el problema
no es que le quiera
es el alcance de la milla,
la que preocupa.

No puedo olvidar
y encima con dos ovarios le pido un vaso de leche.

No tengo miedo a vivir sin ti,
deseo felicidad de focas,
de océanos limpios,
de niños con escuelas,
de manos flores y besos en minorías.
Pero... este martirio
acabará alguna vez,
o enferma de él hasta el fuego fatuo
escribirá su inicial acrobática.

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