viernes, 21 de noviembre de 2014

Yo te perdono.

A veces con el sonido violín
del estornino
una hace balance de su vida
y la ve, ya no como un bosque
que oculta al árbol; la distancia
cae hojas, florece almendro después del frío,
la distancia va creando enramado
que prolifera en ungüentos,
en aquella mandarina que perfumó tu boca.

Una hace, para discernir
que fui la esposa equivocada del marido,
y que él no pudo con sus manos
crear felices sombras
que me hubiesen hecho mesa
y no errante.

Con una esponja marina lavaba sus radios,
le envolvía terciopelo a la humedad del abandono;
si no había dinero quemaba mis huesos,
si no había comida buscaba todas las semillas
y plantaba un peral en medio de la cocina.

La sed, la traición, los celos.

Vivía él, dentro de un traje de cartones,
sus brazos de almidón
eran los manteles de una cama con trabajos forzados.

No chillar antes de las tres, no andar de la mano en público,
bañarse con el combustible de la esperanza
de amar un hombre que decía: Yo te amo;
pegando etiquetas por el cuerpo en cinta.

Ahora muchos estorninos después
veo la quiromancia
 del camino del reverso de las hojas.

Fui la esposa
del marido equivocado.

2 comentarios:

  1. ¡Qué gran composición poética! Ver el reverso de las hojas....
    Un beso poeta.

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