martes, 25 de noviembre de 2014

Otro lucero.

La vida,
que necedad más absoluta
el denominar que algo puede dar
lo que jamás se ha visto.

La antítesis de la nada,
está en la supremacía
de una fruta con sesera
que mengua a la velocidad
inconsciente, flores marchitas
que en simiente amanecieron.

Yo que a usted le abrigué los pies descalzos
y que lloró a su nieto que tiene sus mismos labios.

Salen a cazar las cornejas,
los lirios son más bellos
en los remos de novia
pero, en ocasiones, la moradura
se troca en un pájaro carpintero
que muele el cuerpo en blanca soledad.

Yo quisiera ser inmortal,
para no recibir más mazazos,
más grava a este corazón que tiene ya por costumbre
ver como se desintegran montes padres,
la madre que se gira hoja a la estructura del tiempo
mientras los hijos ven subiendo azoteas, es ley de aduanas e hipotecas,
pero esta coraza, no soporta los días
que su sangre vuelve a los suyos en recuerdo.

Cometas aladas, de hombres que sufrieron
y que van leña,
muy lenta
demasiado y prolijamente
como una llama que se ahoga,
la lejanía de un hilo de humo,
en su propia cera
a  orillas del Ganges.


Descanse en paz.

2 comentarios:

  1. ¿Qué tendrán esas flores marchitas?
    y esos deseos de inmortalidad ¿qué son?

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  2. La flores marchitas es la celeridad del tiempo. Apreciado Julito la inmortalidad no existe. Es UNA QUIMERA.

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