sábado, 18 de octubre de 2014

R.E.M.

Recuerdo que dijo;

- Te he amado más que a mi vida.

En mis adentros, pensé, pues, no se quiere nada.

-Te he amado más que a mi vida, pero,
se ha extinguido mi senty-miento.

Fue la firma de un concilio,
de años de guerras, sucesiones y muertos,
yo...callé, ya no en señal de agravio.

Asentí.

Creo que fue
la primera vez 
que nos pusimos de acuerdo
en diez años.

Nunca nos habíamos amado
éramos vecinos de un unifamiliar
donde alguna noche coincidente 
si el dolor de tripa no adormecía mis ansias
si su voraz flama no acababa
estampada contra las paredes.

He viajado a Dante
y en ella las margaritas
son bocas abierta
a salas de urgencia
y una bolsa de hielo en los ojos.

Nunca un amor
fue tan mendigo
necesitaba su ego vil y sucio
verla de rodillas
implorando 
la cuerda que te salva 
o simplemente abrocha una falda vaquera
al toro mecánico
de su violencia.

De eso han pasado años.

Pero aún vienen en cuadrilla
a visitarme las imágenes
igual que un animal sacrificado por el ébola
y soy un novillo atravesado por su sexo.

De eso han pasado años.

Y les gusta sentarse en mi salón
con su cejas afiladas




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