jueves, 9 de octubre de 2014

El origen de Luisa.

La sílaba que conduce al camino innegable, 
impuesto por un padre idílico,
que igual que fue lago también penuria.

Así nació, el estigma, 
ante la dignidad perdida de una mujer
que vio de manos de otra parturienta otro vástago.

My pater honorabilis era de esta fragante manera.

Lu de ludópata.
Lu de lujuria.

Creaste en carnes la cara mare nostrum
con la leyenda ciudadana de tus correrías milicianas.

Lu de luna.
Lu de luciérnaga
chocando vilmente contra la botella tequila.
Lu de Isa, así si en demasía soslayada.

Marcaste con el nombre
que mordías al besar a mi madre.

Luisa de aspecto muy distinto, 
a la norteña que te amó un tiempo de esos,
en que un dictador
os atesoraba en legiones
o a contemplar las miserias del Sáhara.

Porque fui tu preferida sobre mi hermana.

Porque al nombrarme 
dinamitabas las habitaciones
de una casa sin cimientos
y muchos gritos
que cerraban puertas rompeolas.

Luisa.
Luisa.
Luisa.

Padre por qué me cicatrizaste
como a la res en un mercado de carne podrida.

¿Por qué me pusiste el estirpe prostituido
e hiciste que ella me aborreciera
hasta los amaneceres bordados
en camisetas del Trópico?

Yo quería saberlo...

Lu de luvia, Lu de lujanía, Lu de Lullorca.

Pero los muertos no hablan
y yo sólo sé 
que llevo el nombre 

de tu amante Poeta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario