sábado, 11 de octubre de 2014

Bandeja de entrada

Una, va reconociendo
la dinámica de las cosas, una vivienda
que antes era un ministerio de fantasmas, 
rotos ahora por la mancha negra que lo verticaliza todo.

La casa apestaba a soledad, ahora desprende lomo de gato,
y no me inoportuna, al contrario,
verlo piruetear saltimbanqui 
alegra cada una de las entradas a habitaciones
por entes, que alucinan, por este hallazgo de verso.

Miro y la mueca se hace latente
la enseñanza que uno duerme donde place,
por muchos diseños de cuna, cama y abacanto.
Qué el mejor juguete es un hilo gordo de duda,
y gastarse monedas en lúdicos objetos de deshora
no hace más que afirmar en mi extremo
que malgastamos fuerzas en ser felices
a base de floreros y mascarillas de cacao.

Me siento dichosa, un paso gigante, el traer
a mi mundo un heredero de Cortázar,
que espanta a todos los flashes del pasado
y los arrincona en una esquina con cara de ratones.

Respirar de nuevo, sin fingir la emoción,
cortarte con la lata de salmón
y que brote sangre.

Ten por seguro.

Qué ha sido la lágrima
más profunda
de mi tuétano.

Si puedo sentir dolor,
también, 
ya puedo amar.


Fotografía tomada en el Museo de Wislawa Szymborska
en Cracovia.
Una de sus figuras favoritas relacionada con los gatos.

4 comentarios:

  1. Si puedo sentir dolor ya puedo amar!
    Te sentó el viaje de maravilla.
    Felicidades.
    Un beso.

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  2. Gracias fue de peregrinaje y estudio. Polonia tenía y tiene mucho de mí. Un amiga mía (Lilian P.) me dijo Luisa tú has vivido en ese país en otra vida.

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  3. Adela Leonor Carabelli11 de octubre de 2014, 14:51

    Hondo lo que hace un gato en nuestra vida... Mucho más que lo que hubiéramos esperado. Coincido.

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