martes, 23 de septiembre de 2014

Lisboa amaneció con el canto del gallo.

La mañana con gallos sin cabeza
canta canciones de cuna

y cada una de sus crestas 
que coronan su miembro delatado yacen,
en cada músculo de este sofá, 

puerto de desembarco.

Gallos sin plumas en bandejas aladas,
sirviendo pico a cola
a la folie de beber de sus ojos.

Para qué hablar de rubí, diamante o platino,
si yo señor de los feudos
de calles con olor a azafrán y risa descarada 
soy holograma.

Cuando te quitas la máscara
y jacintos amanecen en tu sonrisa,
van navegando pétalos
en cada uno de tus movimientos de hombre.

Qué espejismo, cuerpos mojados bajo la lluvia, 
y sin embargo, dónde está el alma.

Di, lujuria mía, en que lápida florece,
si al sentir las embestidas rompes en mil poros
los jadeos de gallos sin cabeza.

Soy tuya, igual que un botón deshilachado a punto de perderse,
cuando tu sombra crece
y se bebe mi luz pijama.

¡Siguen testas cortadas a barlovento!

Creciendo musgo en cada mecer,
somos de vinilo, látex y burbujas de plástico.

Me bañas entera, y luego, 
sólo siendo un ritual derrocado
la aldea abandonas.

Con los espolones clavados 
escribo al alba, hoy siendo,

cuerpo de gallo

sin cabeza.


No hay comentarios:

Publicar un comentario