sábado, 20 de septiembre de 2014

La amistad es un nombre de velero o la amistad en cubierta.

I

El maremoto sacó un bote de Coca Cola,
era un sarcófago,
y en él un corazón latía.

II


Mil meriendas de niño.
Cincuenta asados de boda.
Veinticinco mechas de peluquería.

Y el corazón,
un rollo 
un rollo
un rollo
de papel de plata.

III

Del envase salió arácnido.
Era un corazón con patas de insecto.

Huía rápido hacia el oleaje.

La lata hincada en la arena
se quedó contemplando su marcha
con unas cuerdas 
sin barco.

IV

Pies descalzos
en la orilla
esquivando corazones
que con sus tenazas siempre miran al pasado.

Hay una bolsa y una chapa oxidada.

¿Dónde están las conchas?

¿Los besos y las caricias de Estrella Damm?

Las botellas qué rieron,
las brújulas y los remolinos de niños 
corriendo tras la sombra de las gaviotas.

V

Hay sirenos hombre,

incauta... no creía del azul con el verde,
de los limones con forma de luna.

Me jactaba de los cangrejos
que amaban a los erizos,
pulpos con tinta de medusas,

de la locura de sentir su canto.

Ata mi cuerpo al mástil.

Y deja, sin su amor vivir, que suba la marea.

VI

La contaminación llora manchas de petróleo,
pelícanos ahogándose;
amantes cenando pescado
con sabor a mercurio.

Todo se muere.

Hasta mis esperanzas.


VII

Un puerto de estación.
Tren de mapa.

Porque no entiendo
de numerología.

Uno de isla,
dos de ojos
y tres
en una silla de playa.

VIII

Deja de fustigar el viento,
no lo metas en las colchonetas de colores;
deja el abanico mudo
y las hélices de las lanchas.

Deja, poquito a poco,
que se me vaya el llanto
como la luz sobre las olas.

XIX

Nunca un monte
podrá entender la cuneta.

No te amo.

Escribió 
como un cambio de camisa si anochece frío.

No entiendo de correspondencia marítima,
igual que estrechos que separan continentes.

Espaldas enrojecidas,
y preludio de otoño
en banderas, color yema.

-Amigos a la vista.

Exclamo el marino de manos arcillas,
mientras deja otra braga  izada en su bergante;
trofeos del mar,
como hacia el general de blanco y negro
pescando atunes.

Y desnuda me abandonó,
con las palabras atoradas

en redes 
junto a las nécoras
y un delfín 
que no sabía que era cría de ballena.

XIX

Noto el arpón
atravesando el hígado
y sangre en cubierta.

Las piezas más codiciadas que yacen en el océano
son las piernas de todos piratas,
son los ojos de todos los piratas.

Es mi corazón salino
hecho 
gravilla de costa.

X

Y mientras la basura 
contempla el ocaso.

Los veraneantes
vuelven
habiéndose bañado,
sin saberlo,
en mis lágrimas.


XI

La culpa no es de nadie.

Es de los huracanes
cuando un corazón caliente
y una mente helada
se juntan en una cama
con vistas al faro.

Perdone si sigo amando como la sal
y hago heridas
igual que la cal en los hierros.

 Las Anclas y las Velas
nunca hicieron buenos matrimonios.












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